miércoles, 9 de noviembre de 2011

El arroyo de la Fuente de los Caños del Peral.

El nombre Madrid puede proceder de mayra, viaje de agua en árabe, e it del etum latino, abundancia, es decir, donde abundan las mayras.


“Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son”,


Los viajes de agua, los Mayrat, son un complejo sistema de galerías subterráneas que recogen las aguas de infiltración conduciéndolas hasta las puertas de la ciudad, donde daban comienzo las galerías de conducción que iban a las fuentes públicas.

El origen de los viajes es oriental, típico de ambientes desérticos.


Parece ser que el primer viaje fue el que recogía el agua del manantial de las Fuentes de San Pedro en la actual plaza de Puerta Cerrada.

En 1454, en el reinado de Juan II se trata de aprovechar las aguas del río Jarama desde el puente de Viveros hasta el Manzanares, junto al puente de Segovia, trayéndolas hasta el pie de la Torre de la Iglesia de San Pedro, en la calle Segovia.

En el reinado de Carlos I se trabajaba en el viaje de la Fuente del Berro, en el camino de Alcalá.
En 1561, Felipe II decide trasladar la corte a Madrid. Por estas fechas, la Villa contaba con menos de 14.000 habitantes, cifra que asciende al instalarse en ella la corte a 46.209 en 1594, constituyendo el grueso de su abastecimiento las aguas que suministraba el viaje de la Alcubilla.

El Viaje de la Alcubilla se comenzó a construir en 1399. Nacía en la Dehesa de Chamartín en el valle de la Alcubilla, a 18 metros de profundidad, y llegaba a Madrid a través de una serie de pozos con su correspondiente losa.
Por el Camino de Fuencarral, hoy Bravo Murillo, llegaba hasta la actual Glorieta de Cuatro Caminos, donde se dividía en dos ramales, uno por la calle de Santa Engracia hasta la plaza de Santa Bárbara, donde comenzaba la distribución de las aguas. El otro se dirigía a la glorieta de Quevedo, donde a su vez se dividía en dos ramales, uno bajaba por San Bernardo y otro por Fuencarral.
Era en caudal el segundo, el primero era del Alto Abroñigal. Transportaba "aguas finas", con poco contenido salino. Al igual que todos los viajes, cuando se puso en funcionamiento el Canal de Isabel II dejó progresivamente de dar servicio.

En 1601, Felipe III traslada la corte a Valladolid: “Ciudad con ríos útiles y ricos manantiales”.

En 1606, vuelve la corte a Madrid, y como la necesidad de agua seguía siendo grande, Felipe III ordenó buscar nuevos abastecimientos para las fuentes. En los viajes del Alto y Bajo Abroñigal, se hacen nuevas galerías entre 1614 y 1617.

Se construyó el viaje de la Castellana entre 1614-1621. También de estas fechas data el viaje de Amaniel, que conducía sus aguas al antiguo Alcázar, por lo que también era conocido como el viaje de Palacio.
A lo largo del siglo XVII, durante el XVIII y la primera mitad del XIX, los viajes de agua son la única fuente de abastecimiento de la ciudad y constante tema de preocupación, pues aunque existían pozos en las casas, las aguas de éstos sólo se usaban para regar los jardines.

En 1617 se creó la “Junta de Fuentes”, encargada no sólo de buscar nuevo recursos y del cuidado, reparación y distribución del agua, así como de controlar los caudales de los viajes.

Desde el siglo XVII, las aguas de los viajes propiedad de la Villa se dividían en cinco grupos:

Aguas destinadas a fuentes públicas.

Aguas destinadas a particulares que la adquieren por venta real.

Aguas destinadas a particulares, adquiridas a censo o arrendadas.

Aguas de compensación.

Aguas de gracia.

En cuanto a la calidad de las aguas que suministraban, se diferenciaban dos tipos de viajes, los de aguas “finas” que cocían bien los garbanzos y los de aguas “gordas” o “tercas”.

El mantenimiento de los viajes de agua cada vez era más caro para el municipio. El aumento de la población y la extensión mayor del casco urbano afectaba al sistema de galería en las que se producían contaminaciones y continuos derrumbamientos.
En la primera mitad del siglo XIX Madrid seguía bebiendo de los viajes hasta que se crea el Canal de Isabel II.

El 18 de junio de 1851, siendo reina de España Isabel II, se dictó el Real Decreto, refrendado por Juan Bravo Murillo, presidente del consejo de ministros en esos momentos, en el que se disponía que el Gobierno realizara la ejecución de los trabajos a través de un canal derivado del río Lozoya, que llevaría el nombre de Canal de Isabel II en honor a la soberana, verdadera promotora del proyecto.

La primera llegada de las aguas fue a la calle San Bernardo.

La primera piedra de las obras en la presa de captación, denominada «Pontón de la Oliva», fue colocada el 11 de agosto de 1851 por Francisco de Asís de Borbón, el rey Consorte.

El 24 de junio de 1858, tuvo lugar la inauguración oficial, en la calle ancha de San Bernardo, de la llegada de las aguas a Madrid.





El proceso de configuración que daría lugar a la actual Plaza de Isabel II se inicia a mediados del siglo XVI con el traslado de la Corte de Felipe II a Madrid. De este modo comienza la ordenación y adecuación del entorno del Alcázar.

La fuente de los Caños del Peral se construyó a finales del sigloXVI, luego de canalizarse el manantial de aguas gordas que existía en las proximidades del arroyo del Arenal, y de cuyo remanente se surtían los lavaderos cercanos.

Su localización en la parte baja del barranco del Arenal muy próximo al paso del arroyo, provocaba que riadas de barro y basuras anegaran los caños. Se levantan así los muretes de contención que podemos ver en el plano de Texeira.

Durante el siglo XVII la plazuela fue objeto de numerosas reformas. La zona comprendida entre

la fuente y su cerramiento fue empedrada para evitar que se formaran lodazales y se trazaron desaguaderos o albañales para reconducir fuera del recinto las aguas sobrantes de los caños.

En este mismo siglo el arroyo del Arenal sería progresivamente canalizado con el fin de facilitar la urbanización del entorno del barranco. A tal efecto se construye una galería subterránea, que con el tiempo pasaría a formar parte del sistema de saneamiento de la ciudad, la Alcantarilla del Arenal.

A comienzos del siglo XVII tiene lugar la construcción del Viaje de Agua de Amaniel, cuya finalidad era proporcionar agua potable a las dependencias del Alcázar. Las cañerías que llevaban el agua de Amaniel desde el Arca Cambija de la Plaza de Santo Domingo discurrían por la bajada de los Ángeles hasta alcanzar la plazuela de los Caños del Peral, dónde disponía de otra arca junto a las tapias del Convento de Santo Domingo. Para salvar en su recorrido el barranco excavado por el arroyo del Arenal se construye un sistema de arcadas –acueducto–, que además permitía mantener la correcta nivelación de los encañados.

Construido entre 1614-1616, es conocido también como viaje de Palacio porque se creó durante el reinado de Felipe III para abastecer al Alcázar. Nacía en el norte de Madrid, cerca del cementerio de Fuencarral, dividiéndose a continuación en dos ramales: uno atravesaba la Dehesa de la Villa, y el otro que iba a través de la huerta del Obispo, hoy colonia de Villamil. Confluían ambos en la Quinta de los Pinos, al final de la Dehesa de la Villa, y a partir de este lugar discurría a lo largo de la calle Guzmán el Bueno, atravesando el antiguo cementerio conocido con el nombre de las Calaveras, actual Estadio de Vallehermoso.


A la altura de Fernando el Católico se derivaba llegando a la Glorieta de San Bernardo. Desde esta plaza seguía de nuevo por San Bernardo, entraba en la calle Quiñónez a San Dimas, Norte, Noviciado y Amaniel. Atravesaba la Plaza de los Mostenses y la actual Gran Vía para, por Leganitos, llegar a la calle de la Bola y a San Quintín, terminando en la calle Bailén, en la Plaza de Oriente.

La extensión de este viaje era de 2 kilómetros.

En la actualidad pueden verse parte de sus galerías junto a la calle Juan XXIII, frente al acueducto de Amaniel, las cuales han salido a la luz con motivo de la construcción de un parque en la zona. Alertada por unos vecinos, la Coordinadora “Salvemos la Dehesa de la Villa” logró que se paralizaran las obras que amenazaban los restos del antiguo viaje de Amaniel y se procediera a realizar un estudio arqueológico de la zona.

Estaba aquí la Fuente del Cañogordo en el camino que conducía al antiguo campo del Metropolitano del atlético de Madrid. Cerca de la actual calle Reina Victoria, en lo que hoy es la Plaza de la Ciudad de Viena, entre las calles Beatriz de Bobadilla, Santiago Rusiñol y el Paseo de Juan XXIII.

En la primera mitad del siglo XVIII, la construcción del Coliseo de los Caños del Peral, implicó la
desaparición definitiva de los lavaderos. Las aguas sobrantes de la Fuente se perdían en la alcantarilla del Arenal. En esta época ya se había realizado el soterramiento del acueducto del viaje de Amaniel. El viaje de Amaniel estuvo en uso hasta el siglo XX, momento en el que, con fecha del 22 de junio de 1932, el Consejo de Administración de Palacio propuso al Ayuntamiento de Madrid la cesión de los Viajes de Amaniel y Fuente del Berro pues ya estaba el abastecimiento del Canal de Isabel II.
La colmatación del barranco del Arenal y la ejecución de sucesivos proyectos de reforma del entramado urbano acontecidos a principios del siglo XIX, elevaron el nivel de la plaza de forma artificial hasta alcanzar la cota actual, favoreciendo la conservación de los restos de la Fuente de los Caños del Peral, del alcantarillado del arroyo de san Ginés o del Arenal y de la conducción de agua del viaje de Amaniel.