lunes, 28 de noviembre de 2011

Aza, Burgos, y Albornoz, Cuenca. El Infantado de Huete.


 Alcocer, en la alcarria ahora de Guadalajara y antes del alfoz de Huete en Cuenca,  es desde mediados del siglo XIII  centro del  señorío llamado 

Hoya del Infantado. 



En 1255, Alfonso X de Castilla da  a su antigua amante Mayor Guillén de Guzmán, después de tener descendencia legítima de su esposa Violante de Aragón, un señorío en torno a Alcocer hasta entonces una aldea de Huete.  Mayor vive en Alcocer y funda un monasterio de monjas clarisas. 



Beatriz hija de Alfonso X y Mayor, señora del Infantado,  casa con Alfonso III de Portugal. La hija de éstos, Blanca, infanta de Portugal y señora del Real Monasterio de las Huelgas de Burgos, decide  la venta, del señorío de  Alcocer. 


Con Mayor Guillén de Guzmán, hija de Guillén Pérez de Guzmán y de María González Girón, fue padre Alfonso X de Beatriz (1244–1303), señora de Alcocer, Salmerón y Vadeolivas. El 31 de diciembre de 1244, Alfonso X el Sabio, con el beneplácito de su padre, hacía donación de la villa de Elche a su hija Beatriz y a todos los hijos que tuviese con Mayor Guillén de GuzmánEl 4 de marzo de 1283, Beatriz recibe la donación de las villas de MouraSerpaNoudar, y Morón con sus castillos, y, en el mismo día, le dona el reino de Niebla. Contrajo matrimonio en 1253, con Alfonso III de Portugal y fue madre de Dionisio I de Portugal, además de la infanta Blanca, abadesa después en el Monasterio de Santa María la Real de Las Huelgas, y el infante Alfonso, señor de Portalegre. Se encuentra sepultada en el Monasterio de Alcobaca.


En 1295 la infanta Blanca de Portugal profesó como religiosa en el monasterio de las Huelgas de Burgos, y fue nombrada señora del mismo. Aportó como dote al monasterio de las Huelgas de Burgos los municipios de Alcocer, Viana, Peñas de Viana, Acebón, Cifuentes, Valdesangarcía, Palenzuelos y Santiago de la Puebla, y en 1313 donó al monasterio las salinas de Poza y las de Añana. Blanca de Portugal fue señora del monasterio de las Huelgas de Burgos, pero no su abadesa, ya que éste último cargo fue ejercido en el monasterio por Urraca Alfonso, quien fue abadesa entre los años 1296 y 1326En 1303, a la muerte de su madre, Blanca de Portugal heredó el señorío de Alcocer.

En su testamento de 1321 dispuso que su cadáver recibiera sepultura en el Monasterio. Falleció en el Monasterio  el día 17 de abril de 1321. Su cadáver recibió sepultura en un sepulcro colocado en la nave central de la iglesia del monasterio. Realizado en piedra, descansa sobre dos basamentos con forma de león, y está adornado al estilo mudéjar, entrelazándose los escudos del reino de Castilla y León con los del reino de Portugal, y ocupando los escudos todo el espacio exterior del sarcófago. Fruto de su relación extramatrimonial con Pero Núñez Carpentero nació un hijo ilegítimo, según consta en la Crónica de Alfonso XI.  Es este Juan Núñez de Prado que muere en 1355. Maestre de la Orden de Calatrava y caballero de la Orden de la Banda. Fue ejecutado en 1355 en el castillo de Maqueda por orden de Pedro I de Castilla.

Durante la guerra civil castellana entre Pedro I y su medio hermano Enrique de Trastámara uno de los principales nobles que apoyaron el partido de Enrique  fue  Alfonso de Aragón hijo del infante Pedro de Aragón, y nieto del rey Jaime II de Aragón. Como primo hermano de Juana de Aragón, Juana  Despina-ambos nietos de Jaime II de Aragón-, prima y viuda de don Fernando Manuel, hijo y heredero de don Juan Manuel-primo hermano de Jaime II de Aragón, son Jaime II de Aragón y don Juan Manuel nietos de Jaime I el Conquistador-, no era extraño que tuviera aspiraciones sobre la llamada “tierra de don Juan Manuel”.

Además, 



Constanza de Aragón, hija de Jaime II, casa con don Juan Manuel y son padres de Fernando que casa con su prima hermana Juana de Aragón, hija del Infante don Ramón, siendo este hermano del infante Pedro, padre de Alfonso de Aragón y de Villena y así este primo hermana de Juana que casa con Fernando Manuel.  Es la mujer de don Juan Manuel hermana de los infantes Pedro de Aragón y Ramón de Aragón, el segundo padre de Juana de Aragón que casa así con su primo hermano Fernando Manuel, hijo de don Juan Manuel y de Constanza de Aragón. Con una hija que muere pronto, Blanca,  el matrimonio de Fernando Manuel y de Juana de Aragón se queda sin linea sucesoria de ahí los derechos alegados por Alfonso de Aragón, primo hermano tanto de Juana como de Fernando Manuel.  






Casa el infante don Ramón, hijo de Jaime II de Aragón, su hija doña Juana con hijo de don Juan Manuel y primo segundo  del infante don Ramón; y por qué.  Y porque 
el rey entendió que le convenía mucho tener en su amistad y confederación a don Juan, trató que 
el infante don Ramón Berenguer le diese a doña Juana su hija, que era la mayor y del primer 
matrimonio, que se llamaba Despina de Romania, porque pretendía suceder en aquel estado por 
razón de doña Blanca su madre que fue hija de Filipo príncipe de Taranto y hermana del déspoto 
de Romania, y por su muerte recayó el derecho de aquel estado en doña Blanca su hermana y en 
esta doña Juana su hija y del infante don Ramón Berenguer.  
  
Dote de doña Juana.  Dióle el infante en dote quince mil libras de reales de Valencia, por las cuales 
le hizo el rey vendición del castillo y villa de Cullera, porque tenía obligados al infante los lugares 
de Ontinyen, Bocayren y Biar del reino de Valencia por otra tanta cuantidad del dote de doña 
Blanca su primera mujer; y constituyóse a su marido don Fernando en dote el derecho que le 
pertenecía en el despotado de Romania como heredera universal de su madre. Tuvo esta doña 
Juana otra hermana, que aunque era menor que ella estaba ya casada en este tiempo con el 
vizconde de Cardona, que se llamaba, como su madre, doña Blanca.

Recién proclamado rey, Enrique de Trastámara otorgó en 1366 a su primo Alfonso de Aragón, hijo del infante Pedro de Aragón, el título de marqués de Villena entendiendo reunir así bajo su señorío el conjunto de los lugares que habían sido de don Juan Manuel y de sus herederos. La merced fue confirmada solemnemente en las Cortes celebradas en Burgos en febrero de 1367, y en ella se incluyeron todos los lugares en el Infantado de Huete cuya compra trató don Juan Manuel con su prima la infanta Blanca de Portugal. Sin embargo, la situación de guerra impidió de momento al nuevo marqués de Villena tomar posesión efectiva de su señorío sobre la tierra del Infantado.

Hecho preso en la batalla de Nájera, en abril de 1367, Alfonso de Aragón hubo de afrontar un largo cautiverio, en el curso del cual decidió desprenderse de algunos lugares de los recién adquiridos por concesión regia, con el objeto de poder pagar el alto rescate exigido para su puesta en libertad. Así, entró en negociación con la familia de los Albornoz, interesada en adquirir las llamadas villas del Infantado.

Tienen los Albornoz su origen en una rama segundona de uno de los mejores linajes de la nobleza vieja de Castilla, la Casa de Aza.



Gómez García de Aza, segundón de García García de Aza, retuvo un importante papel al servicio de Alfonso VIII; como señor de Ayllón y tenente de Roa, participó verosímilmente en la toma de Cuenca en 1177, y en 1178 fue nombrado alférez. En el repartimiento de Huete obtuvo la aldea de Albornoz, origen del apellido principal del linaje, considerado el más antiguo de la nobleza conquense. 


García Álvarez de Albornoz, padre del cardenal don Gil, aparece en la Crónica de Alfonso XI caracterizado como infanzón y casó con Teresa de Luna, dama perteneciente a ese importante linaje aragonés cuyos intereses lindaban con el límite oriental de Castilla. A partir de este momento, tanto la influencia política de los Albornoz en el patriciado urbano conquense como su implantación territorial en el obispado de Cuenca, especialmente al norte de la actual provincia homónima, pueden entenderse
consolidados.

El matrimonio de García Álvarez con Teresa de Luna fue origen de la mayor gloria y prosperidad que le cupo alcanzar a este linaje. Jimeno de Luna, hermano de Teresa, obispo de Zaragoza, luego arzobispo de Tarragona y finalmente de Toledo por permuta con el infante Juan de Aragón, transmitió esta última dignidad arzobispal a su sobrino Gil, hijo menor de García Álvarez. El ascenso al cardenalato de este Gil favoreció el encumbramiento definitivo del linaje de los Albornoz hasta las posiciones más elevadas dentro de la nobleza castellana. 

Álvar García, el hermano mayor del cardenal y primogénito del linaje, retuvo numerosas villas de señorío bajo el reinado de Alfonso XI y fue elevado a la dignidad de copero mayor bajo el rey Pedro, quien usó de sus servicios como embajador para traer a Castilla a su futura esposa Blanca de Borbón. 

Sin embargo, el servicio de este Álvar García a la descendencia habida por Alfonso XI en su favorita Leonor de Guzmán (Sancho, hijo de éstos, se crió en casa de Álvar García) motivó el alejamiento progresivo respecto del nuevo monarca castellano, Pedro I, que culminó con el exilio de los principales miembros del linaje, fieles a los Trastámara.   Tanto Álvar García, el primogénito del linaje, como Fernán Gómez, el segundo, acompañarían al pretendiente Trastámara y a su consorte Juana Manuel en sus incursiones en tierra castellana para apropiarse del trono.

Álvar García participó del lado de Enrique II en la batalla de Nájera, al término de la cual compartió por un tiempo el destino del conde de Denia, esto es, el cautiverio, del que empero pudo sacarlo pronto su hermano menor el cardenal, gracias al pago de un importante  rescate. La fortuna del linaje quedó sellada por el ascenso de Enrique de Trastámara al trono castellano: la confirmación de sus antiguos lugares de señorío fue entonces complementada con generosas donaciones enriqueñas, como las de Utiel y Moya. Es en este momento de satisfacción de las expectativas de expansión territorial del linaje, cuando la familia se embarca en la compra de las villas del Infantado de Huete, aprovechando la situación de necesidad que atravesaba el marqués de Villena.


Fue Álvar García de Albornoz quien gestionó la operación en nombre de su hijo
primogénito micer Gómez García de Albornoz, ocupado por entonces en Italia, quien por estar casado con Constanza Manuel, llamada a veces Constanza de Villena, la última hija de Sancho Manuel, bastardo de don Juan Manuel, podía alegar intereses familiares, e incluso eventuales derechos, para la adquisición de los antiguos lugares manuelinos.


Es Constanza Manuel prima tercera de Alfonso de Aragón, los dos nietos terceros de Jaime  I el Conquistador  


Del  interés que una compra tal tenía para el referido micer Gómez da idea el hecho de que como heredero principal del cardenal don Gil contara ya, desde el fallecimiento de su tío, con el señorío de algunos lugares propios del linaje en tierras de Cuenca y Huete.

La adquisición de las villas del Infantado en 1371 permite ampliar y complementar la extensión territorial del solar familiar en la tierra de Huete.

Los albornoz adquieren el señorío alto y bajo, con plena jurisdicción, mero y mixto imperio. El monto total de la operación ascendió a 30.000 florines de oro de Aragón, unos 690.000 maravedíes castellanos. El pago fue realizado con cargo a los dineros que el cardenal don Gil le había dejado a micer Gómez. 

La intervención al respecto de la Corona reviste especial importancia por el apoyo a la operación de la reina Juana Manuel, esposa de Enrique II y tía de la mujer de micer Gómez al ser la reina Juana Manuel hija del infante don Juan Manuel. La reina apoyala venta del  señorío de Alcocer y otros de los lugares que habían sido de su padre don Juan Manuel.


Fernando Manuel primogénito de don Juan Manuel solo tiene una hija, Blanca. Nace Blanca en 1348 y muere en 1361. Es así la reina Juana la que es la heredera de su padre a la muerte de su hermano y su sobrina y la que permite el señorío sobre las tierras del Infantado a sus parientes, primero a su primo hermano Alfonso de Aragón y luego a sus sobrinos, los Albornoz.



El nuevo señor de las villas del Infantado, micer Gómez García de Albornoz,
falleció en 1380 en Italia y se hizo enterrar en la iglesia conventual de las clarisas de Alcocer. Su heredero Juan de Albornoz, que alcanzó la dignidad de copero mayor de Juan I, heredó en 1380 el mayorazgo paterno, y en 1385, por extinción de su línea, el de su tío, el hermano menor de micer Gómez, Álvar García llamado el Mozo, llegando así a reunir en su persona el patrimonio todo de la familia, incluyendo cuanto fue de su abuelo Álvar García llamado el Viejo.

Juan de Albornoz estaba casado con su prima Constanza de Castilla, hija del bastardo Tello, hermano de Enrique II y señor de Vizcaya. Juan de Albornoz falleció en 1389 sin heredero varón, dejando una hija de corta edad, María de Albornoz, y a su viuda Constanza de Castilla encinta de otra, Beatriz. Fue la abuela, Constanza Manuel o de Villena, viuda de micer Gómez García de Albornoz, quien se hizo cargo de las villas del Infantado durante la minoría edad de la heredera del linaje, María de Albornoz. Ésta casó en 1401 con su primo segundo Enrique de Aragón, llamado de Villena, nieto de don Alfonso de Aragón, de cuyas manos habían comprado los Albornoz las mismas villas del Infantado e hijo de Juana de Castilla, hija de Enrique II.



No se sabe nada de Constanza de Castilla, madre de María de Albornoz. Pudo fallecer en el parto de Beatriz, hija póstuma de Juan de Albornoz.  durante la menor edad de María de Albornoz, es su abuela Constanza Manuel, llamada de Villena, quien figura al frente del señorío del Infantado de Huete



Enrique llamado de Villena, el Nigromante,  era hijo póstumo de Pedro de
Aragón, hijo de Alfonso de Aragón. Pedro de Aragón,
hijo segundo de Alfonso de Aragón había casado en 1378 con Juana de Castilla,
hija bastarda de Enrique II, y falleció en la de Aljubarrota dejando a su único heredero
Enrique, de muy corta edad. Casada en segundas nupcias con el infante Dionís de
Portugal, Juana de Castilla promovió un pleito reclamando la devolución de la dote
que había aportado a su anterior matrimonio, conforme a las capitulaciones que en
su día se habían concertado, alegando que se había incumplido la promesa entonces
hecha de casarla con Alfonso, hijo primogénito de Alfonso de Aragón. Este pleito lo resolvió en 1394 Enrique III, considerando el marquesado de Villena como justa equivalencia por la dote impagada. Se despojó del marquesado de Villena a  Enrique. La concesión del condado de Cangas de Tineo y la concertación de su matrimonio
con la heredera del linaje albornocino, María de Albornoz, en 1401, fue decisión de
Enrique III, como una suerte de compensación por la pérdida del marquesado de
Villena. Es voz común de la época que María de Albornoz fue amante de Enrique III.
Por esta u otras razones, parece que su matrimonio con Enrique de Villena distó de
ser un éxito. Cuando en 1404 vacó el maestrazgo de la orden militar de Calatrava,
Enrique de Villena se embarcó en una arriesgada y frustrada operación
destinada a ocupar ese puesto, para lo cual se decidió la renuncia del condado de
Cangas y la anulación de su matrimonio, disuelto sin heredero legítimo. 


Es  María de Albornoz la última señora de Albornoz. Retuvo el señorío nominalmente desde la muerte de su padre Juan de Albornoz el 28 de octubre de 1389 hasta su propia muerte el 17 de abril de 144031. Durante los primeros de esos años fue su abuela Constanza Manuel, llamada de Villena, viuda de micer Gómez García de Albornoz, quien se ocupó de los asuntos del señorío. Heredera de las propiedades acumuladas por su marido durante su etapa al frente del señorío, Constanza de Villena poseía abundantes intereses en bienes raíces en la villa de Alcocer, la más importante de las del Infantado de Huete.  Fue enterrada en la iglesia del onvento de las Clarisas de Alcocer.


En 1429 ya había fallecido la abuela Constanza Manuel.  María de Albornoz se hace personalmente con las riendas del señorío del Infantado. Carecía de heredero y María de Albornoz acordó ceder su herencia a su primo segundo don Álvaro de Luna, condestable de Castilla y hombre fuerte del reino. 

La herencia de Juan de Albornoz se repartió entre sus dos hijas, María de Albornoz y Beatriz, a quien aquél no llegó a conocer. La línea de Beatriz, casada con Diego Hurtado de Mendoza, primer señor de Cañete, resultó tempranamente extinta, de manera que tan sólo de la línea de María de Albornoz dependía el futuro del patrimonio familiar albornocino. En una de las cláusulas del testamento de Juan de Albornoz se preveía que el mayorazgo familiar, faltando descendencia legítima de la rama principal debería pasar a la línea de los Luna. 


Teresa de Albornoz, hija mayor de Álvar García de Albornoz el Viejo, hermana de Micer Gómez  y tía abuela de María de Albornoz, había casado con  Juan Martínez de Luna y son los abuelos del Condestable.


Fue así siguiendo las previsiones al respecto adoptadas por su difunto padre Juan de Albornoz que María de Albornoz tomó en 1432 la decisión de nombrar su heredero universal a su primo segundo Álvaro de Luna, condestable de Castilla, cabeza del linaje emparentado de los Luna, decisión materializada en una donación inter vivos con reserva del usufructo sobre el señorío de sus villas y lugares, que María siguió ejerciendo hasta su muerte. 


Esta donación  fue confirmada en vida de María de Albornoz por el rey Juan II, en dos ocasiones, en 1432 y 1438, a instancias del Condestable. María de Albornoz muere en 1440. Desde 1371 habían sido el Infantado de Huete, propiedad de los Albonoz.


A partir de 1440 las villas y lugares del Infantado de Huete se integran ya en el patrimonio señorial de Álvaro de Luna, condestablede Castilla. Álvaro nombrado heredero en 1432 empezó ya su vinculación con los asuntos del infantado del que el usufructo vitalicio tenía María.


Tempranamente fallecidos tanto la hermana Beatriz como su hijo Luis Hurtado de Albornoz, a quien estaba destinada parte de la herencia de Juan de Albornoz como resultado de los acuerdos familiares previos, María de Albornoz pudo sentirse legitimada para disponer de toda la herencia donándosela en vida a su primo el condestable.

 Había cierta duda en cuanto a los derechos sobre cierta parte de la herencia que como heredero de su hijo fallecido podían corresponderle a Diego Hurtado de Mendoza, viudo de Beatriz. El condestable defendió siempre  sus propios derechos a percibir la integridad de la herencia. 

Para ello fue asimismo necesario sortear un obstáculo de orden menor, como era cumplir la condición, expresada por María de Albornoz en su donación de 1432, encaminada a asegurar que el heredero de esos bienes conservara el nombre de Albornoz: a esa exigencia hizo frente el condestable con una modifi cación de las condiciones de su mayorazgo, previa a despejar toda salvedad que pudiera estorbar su pacífica toma de posesión de la herencia 

Fallecida María de Albornoz el 17 de abril de 1440, Álvaro de Luna se aprestó a dar los primeros y necesarios pasos para proceder a la toma de posesión de la herencia a la que tenía derecho en virtud de la donación otorgada por aquélla en 1432. En noviembre de 1442, casi 10 años después y salvadas todas las oposiciones, se procedió a la definitiva toma de posesión por parte de los representantes del Condestable en cada uno de los lugares del Infantado.  


El proceso de la toma de posesión de la herencia de María de Albornoz se culmina con la solemne prestación conjunta de pleito homenaje por parte de los representantes concejiles de las tres villas del Infantado, Alcocer, Salmerón y Valdeolivas, reunidos ante el mismo condestable Álvaro de Luna, en su castillo de Escalona.

Poco después la vinculación con las villas del Infantado del Condestable se rompe por su caída en desgracia. Juan II ordenó prender al Condestable y ordenó también la prisión de sus familiares y el secuestro de todos sus bienes. 


Ajusticiado el condestable el 2 de junio de 1453, quedaban por reducir su viuda Juana Pimentel y su hijo Juan de Luna, sitiados en Escalona, negociaron con los emisarios regios un trato destinado a asegurar su sumisión pacífica a la Corona y la preservación parcial de los bienes y derechos que habían pertenecido en su vida al condestable, a cambio de la entrega de una parte substancial del tesoro que el mismo había reunido en el castillo de la referida villa de Escalona, a la que se podría considerar como cabeza de los lugares que fueron de Álvaro de Luna.


Como parte de la negociación, a cambio de la entrega del tesoro de Escalona y
de algunas villas que el condestable tuvo en vida como maestre de la orden militar de Santiago, su hijo y heredero, Juan de Luna, recibió de Juan II el señorío de buena parte de los lugares que habían sido de su padre don Álvaro, encabezados por la villa de San Esteban de Gormaz, con título condal anejo. Entre esos lugares figuraban las villas del Infantado de Huete. La merced regia se completó poco después, entregadas ya las dos terceras partes del tesoro de Escalona y como signo del perdón regio, con la concesión de las tercias reales de las villas del Infantado, entre otros lugares, tal y como las había disfrutado en vida el Condestable. 

Juan de Luna, hijo del condestable y de Juana Pimentel, poseyó pacíficamente el Señorío de las villas del Infantado desde 1453 hasta su muerte, acaecida en 1459, fecha en la que el nuevo monarca, Enrique IV, acordó con la viuda del Condestable, muere esta en 1488,  y cabeza visible del linaje un estatuto de tutela para la heredera del condado de San Esteban de Gormaz y del estado señorial de Juan de Luna, su hija menor de edad Juana de Luna. 


En virtud de este acuerdo, Enrique IV,  asumió el señorío de facto de las villas del Infantado de Huete, hasta que Juana de Luna cumpliera los doce años.

En 1460, Íñigo López de Mendoza, luego II duque del Infantado y III marqués de Santillana, contrajo nupcias con María de Luna, hermana de Juan de Luna. Esta alianza entre los Mendoza y los Luna ofrecía a Enrique IV la posibilidad de asignar el señorío de las villas del Infantado a la rama de los Mendoza que nacía de dicho enlace matrimonial, como medio de recompensar la lealtad del clan mendocino, sin que por demás el Infantado de Huete perdiera su vinculación con los Luna. 


Para realizar este propósito era necesaria la colaboración de los titulares del señorío, esto es, de la condesa de San Esteban Juana de Luna y su marido, Diego López Pacheco con quién casa en 1469, quien había sucedido en 1468 a su padre Juan Pacheco, maestre de la orden militar de Santiago, en el marquesado de Villena. Contando con esta colaboración, Enrique IV tomó en 1470 la iniciativa y promovió la operación destinada a endosar las villas del Infantado al estado señorial de los Mendoza.


Como primera providencia, Enrique IV concedió en mayo de 1470 a Juana de
Luna su licencia para disponer con libertad del señorío de las villas del Infantado, facultándole de este modo para que pudiera segregarlas del mayorazgo encabezado por el condado de San Esteban de Gormaz, ya fuera para venderlas, empeñarlas o permutarlas de cualquier manera. 


Como resultado de las negociaciones entre la condesa de San Esteban, su marido el II marqués de Villena y el monarca, los dos primeros acordaron ceder las villas del Infantado a éste último, esperando del monarca en equivalencia alguna contraprestación que a finales de septiembre aún no se había concretado. El trato se concretó y materializó de manera definitiva  en  octubre de 1470.


Enrique IV pasa a convertirse en señor de iure de las villas y lugares del Infantado de Huete, y los marqueses de Villena reciben a cambio la ciudad de Alcaraz. Durante la negociación se planteó la entrega a los marqueses de
Villena de las villas de Requena y otras. Una vez llevada a buen término la primera parte de la operación, y contando el rey con el señorío de las villas del Infantado, procedió a cedérselo a Diego Hurtado de Mendoza, segundo marqués de Santillana y luego I duque del Infantado, padre de Íñigo López de Mendoza.


Las villas del Infantado pasaron a integrar el estado señorial principal de los Mendoza, como núcleo generador del título ducal de ese nombre que los Reyes Católicos concederían al segundo marqués de Santillana en 1475. 


A la muerte del primer duque a comienzos de 1479 el señorío pasó a las manos del III marqués de Santillana y II duque del Infantado, Íñigo López de Mendoza, casado con María de Luna, hija del condestable.