sábado, 26 de febrero de 2011

Doña Juana, Señora consorte de Ledesma.

Nuevamente agredecerle a Antonio Medina sus fotos y noticias sobre la Villa de Ledesma.

DOÑA JUANA: “SEÑORA CONSORTE” DE LA VILLA DE LEDESMA.

En la villa de Ledesma reside durante años: Doña Juana. Casada con Don Sancho de Castilla, “el de la Paz” (nieto de D. Alfonso X y único hijo del Infante D. Pedro y de Doña Margarita de Narbona).

De Doña Juana, “Señora consorte” del Señorío de Ledesma y los de otras importantes villas, no conocemos su año de nacimiento ni de defunción, tampoco la procedencia o linaje familiar. A no ser por un documento que se encuentra en el Archivo Municipal de Ledesma (Catalogado por Alberto Martín) y por lo referido en las “Memorias del rey D. Fernando IV”, probablemente no tendríamos constancia de su existencia.

Doña Juana pasaba sus días en Ledesma, junto al pequeño Pedro Pérez, aparentemente y ante los ojos de todos, fruto de su matrimonio con el Infante, cuando en el año 1312 (con no más de 29 años) fallece su esposo, y es enterrado en la Iglesia de Santa María la Mayor de dicha población.

Momentáneamente, casi tres décadas después de enviudar su suegra, en Ledesma se reproduce un mismo hecho histórico: el señorío de la Villa queda en manos de un descendiente menor y una viuda que tendría que hacer las veces de regente.

(Recordemos que Doña Margarita de Narbona, su suegra, queda viuda al poco de nacer el Infante Don Sancho, teniendo que asumir la regencia del Señorío durante la minoría de edad del heredero).

Pero el monarca D. Fernando IV, ávido por devolver a la corona las importantísimas posesiones que Don Sancho dejaba en heredad, dará un giro a la historia de la Villa. Al conocer la muerte del Infante Don Sancho, abandona inmediatamente la ciudad de Valladolid, donde residía junto a su corte, y se traslada a Ledesma. La premura del viaje no tiene otra finalidad que, poner en duda la legitimidad del heredero Don Pedro Pérez, y tras someter a “juicio de Dios” a la viuda Doña Juana, y solicitar para ésta la prueba del “hierro candente”, anexionar a la monarquía dichos territorios.

(Esta prueba del “hierro candente”, ya en desuso en el Derecho de la época, era utilizada en los “juicios de Dios” u “odalías” para probar la paternidad, y consistía en dar pasos con un hierro candente en la mano, posteriormente era cubierta con un paño de lino durante tres días y pasados estos se descubría y si se había creado ampolla en la quemadura se consideraba perdido dicho juicio).

El rey legitima su actuación amparándose en el mismo privilegio por el que Don Alfonso X había concedido a su hijo, el infante Don Pedro, el amplio Señorío; y particularmente donde establecía que: “volverían a la corona en caso de morir, el infante o su hijo, sin descendencia legítima”.

Pero, volviendo a la narración de los acontecimientos, en las “Memorias de D. Fernando IV”, se dice:

“E el rey salió de Valladolid e fue a Alva e cercola é pusole engeños e tomola, é fue luego a Ledesma e fallo y a Doña Juana, mujer que fue deste D. Sancho, é que tenia á aquel moço é que desian á él que non era su fijo nin de Don Sancho, é dixeronle a ella que si quería faser salva que tomase un fierro caliente que aquel moço era su fijo de D. Sancho, é que si non se quemase que el rey le dexaría la eredad al moço, é que le faria mucho bien como era derecho;”

La respuesta de Doña Juana es contundente: mantiene la legitimidad del pequeño D. Pedro Pérez, como hijo producto de su matrimonio con Don Sancho, y accede a someterse a la prueba que el monarca y cortesanos le demandan. Eso sí, pone una condición a la propuesta del rey:

“é ella respondió que quería tomar el fierro caliente que aquel moço era fijo de D. Sancho e suyo della, mas que le quería tomar en Valladolid ante la reyna Doña María su madre: é con todo esto las villas dieronse luego al rey, é el rey vinose luego para Valladolid é esta Doña Juana con él”;

La decisión de Doña Juana, (de realizar la prueba, pero en Valladolid y en presencia de la Reina madre), probablemente fue tomada con la finalidad de ganar cierto tiempo que le propiciase una salida airosa, o bien con la esperanza de que Doña María de Molina, fuera magnánima con su situación, y convencida de no tener que someterse a dicha prueba en abono de su inocencia.

Lo que sí entabla Doña Juana, es un auténtico y valiente “pulso” al monarca.

Don Fernando acepta el “desafío”, consciente de que en su poder estaba el apoderarse del Señorío de Ledesma, poniendo a Doña Juana en el trance de perderlo todo o conservarlo, (en éste caso, lógicamente producto de un milagro)

Al llegar a Valladolid, donde se encontraba la reina madre, Doña Juana consciente de la imposibilidad de superar dicha prueba, decide renunciar públicamente y por escrito, a someterse a esta.

“é desque y llegó dixo la Doña Juana que non quería tomar el fierro, e vino a conocer en público ante todos, estando y escribanos públicos, que aquel moço non era su fijo nin de D. Sancho, é por esta rason fincó el rey con estas villas”.

Como dice D. Vicente de la Fuente: “por otra parte, difícil parece que la crítica acepte como exenta de coacción la declaración de Doña Juana”.

Hasta ahora, solamente nos hemos referido a las noticias y acontecimientos que protagoniza Doña Juana y sacados de las “Memorias de D. Fernando IV”.

La pormenorización de los hechos acaecidos en Valladolid, nos vienen narrados por el “interesante” documento que hemos citado y que se halla en el Archivo Municipal de Ledesma.

Éste escrito es una “Declaración jurada”, o en palabras de Vicente de la Fuente: “una declaración de suposición de parto”. Mediante el mismo, el rey y los cortesanos, obligan a la viuda de Don Sancho, a reconocer en un documento: no haber tenido con éste al supuesto hijo D. Pedro.

Es curioso que al comienzo del texto, se justifica la posición mantenida hasta el momento por Doña Juana, respecto al reconocimiento como hijo legítimo de Don Pedro Pérez, en: “la mala vida que aquel dicho don Sancho le daba y por el miedo que la mataría y que la desampararía, y que se casaría con otra”.

Es de suponer que la inteligente viuda, pactó una salida digna a fin de evitar posibles acusaciones (de perjuro u otras muchas) contra su persona, y por eso hace constar en el documento que el motivo de mantener como hijo legítimo a D. Pedro Pérez, es producto de la “mala vida” o “premura de descendencia” …, por parte de su esposo.

En la declaración ponen en boca de Doña Juana que: “mando coger un niño recién nacido, y que dijo que lo había parido ella, y que hizo que así lo creyera su marido D. Sancho, que le pusieron por nombre D. Pedro, y así en adelante tanto su esposo como ella lo tuvieron por hijo y así lo criaron hasta el momento”.

Termina el escrito con un reconocimiento expreso de Doña Juana de “la ilegitimidad de D. Pedro y haciendo constar que en virtud de las condiciones puestas por el rey D. Alfonso al conceder por heredad la de Ledesma, esta villa y todas las que pertenecían a mismo Señorío, volvían a pertenecer al monarca de Castilla”.

(Son testigos y firman el documento junto a Doña Juana: D. Tello hijo de D. Alfonso hijo del Infante de Molina, D. García Fernández de Villamayor, D. Fray Juan obispo de Lugo, D. Arias Pérez Pardo, Deán de la iglesia de Santiago, Fernán Gómez de Toledo, Camarero mayor del Rey; y otras varias personas notables).

En esta historia, la considerada ilegitimidad de Don Pedro Pérez, como descendiente del matrimonio entre el Infante y Doña Juana, cambió drásticamente la titularidad del Señorío de Ledesma.

Lo más relevante es: la ambición del monarca por controlar el poder de la Villa; la inicial valentía y “curiosa decisión” de Doña Juana a realizar la prueba (que evidentemente, salvo milagro, suponía perderlo todo); y la decisión final de dicha Señora que sucumbe al poder regio, pero con una dignidad pactada y plausible.

Eso sí, D. Luis de Salazar y Castro, tras narrar brevemente la visita regia a Ledesma, y la renuncia de Doña Juana a realizar la prueba reseñada, termina la narración de los hechos, haciendo referencia a la posible filiación legítima de Don Pedro Pérez y sus descendientes diciendo:

“La familia la Paz, que es de las más influyentes de Salamanca, se precia de ser descendiente deste D. Sancho Señor de Ledesma, porque el epitafio de Antón Pérez, indubitado progenitor de aquella familia, se lee ser hijo de D. Sancho. Sobre esto escribimos ya en nuestras Advertencias Históricas y aunque el nombre, y patronímico hacen repugnancia, bien puede ser que Antón Pérez fuese hijo natural, y no lo desmerece la calidad y antigua filiación de aquella familia”.

Desde aquí, animo a Doña Paloma Torrijos (que tan gentilmente nos deja participar en su blog), para que, como gran conocedora de las “genealogías” y linajes españoles, nos deleite algún día, con una contribución referente a la posible descendencia de los Paz o Paces en Castilla.