miércoles, 19 de enero de 2011

Cuenca, el obispo Antonio Palafox y Croy, 1740-1801.

La explotación agrícola de las vegas de los dos ríos Júcar y Huecar, el extenso territorio, o kura, que administra, y una potente industria textil hicieron de Cuenca en la época omeya uno de los centros más importantes del Califato. Su desarrollo demográfico y su pujanza económica no se detienen tras la conquista de la ciudad por Alfonso VIII en 1177 y su incorporación a la Corona castellana. Es entonces cuando adquiere personalidad jurídica con el Fuero que el Rey le otorga, y el poder eclesiástico comienza a arraigar en la ciudad mediante su conversión en Sede Episcopal y la llegada y establecimiento de la Orden de Santiago.

Durante toda la Baja Edad Media se consolida la prosperidad de la ciudad, fundamentada en su industria textil, que incorpora una serie de mejorías técnicas y se especializa en la fabricación de paños de calidad. Así, a finales del siglo XV, el desarrollo urbano y demográfico desborda los límites de la muralla y empieza a extenderse extramuros de la ciudad vieja.

Durante todo el siglo XVI Cuenca es, todavía, una ciudad productiva y uno de los centros motores de la economía castellana. En el siglo XVII se estanca su actividad. En el siglo XVIII hubo intentos de los ilustrados, caso del obispo Palafox, por revitalizar la ciudad, que fracasaron.

Es la ciudad de Cuenca
un espolón rocoso alto y angosto entre los dos profundos fosos labrados por los ríos Júcar y Huécar. Su origen se sitúa en el primitivo castillo, en lo más alto de la ciudad, y se fue desarrollando hacia abajo, dando lugar a una estructura urbana de perspectivas sorprendentes, hasta llegar al llano, la parte baja de la población, donde se extendió el ensanche, como se puede apreciar por el reciente surgimiento de nuevas urbanizaciones y barrios periféricos que van ampliando el casco urbano.

En la Cuenca de hoy es una prueba de su futuro levantado sobre testimonios de su pasado. El Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha que está situado en la plaza de la Merced, en pleno casco antiguo de la ciudad. Fue inaugurado en 1999 y construido sobre dos antiguos edificios de la judería de Cuenca.

La sinagoga de Cuenca se convirtió en la iglesia y poco después parroquia de Santa María la Nueva- para distinguirla de la Catedral bajo la advocación igualmente de Santa María-, supuestamente mandada construir por los propios conversos, que, fueron convertidos a la fuerza, después de 1391 y los asaltos a las aljamas castellanas. Después llamada de Santa María de Gracia, demolida en 1912. Existen restos arqueológicos bajo la actual Torre Mangana. La sinagoga de Cuenca era un edificio de planta rectangular, 20 metros de largo por 10 de ancho.

La figura más importante de la Ilustración conquense fue el obispo Antonio Palafox y Croy, que había nacido en Madrid en 1740 en el seno de una de las grandes familias aristocráticas de la Corte, la de los marqueses de Ariza, de quien es otro obispo en este caso de El Burgo de Osma en Soria.

5 de junio de 2011, nueva fecha de Beatificación de Palafox. Con fecha 14 de enero de 2011, la Santa Sede comunicó a la Diócesis de Osma-Soria la conveniencia de trasladar a otra fecha la Ceremonia de Beatificación del Venerable Juan de Palafox y Mendoza , se iba a celebrar igualmente el 1 de mayo, después de que el Santo Padre, Benedicto XVI, firmara el Decreto por el que autorizaba la Beatificación del Venerable Juan Pablo II el próximo primero de mayo en la ciudad de Roma. Después de que la Santa Sede hiciera pública en la mañana del viernes 14 de enero la noticia de que el Santo Padre Benedicto XVI había firmado el Decreto por el que autorizaba la Beatificación del Siervo de Dios, Juan Pablo II, y que había fijado la fecha de esta Ceremonia para el próximo 1 de mayo de 2011 en Roma, el prelado de la Diócesis de Osma-Soria se ha puesto en contacto con el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Cardenal Angelo Amato, para concretar con la Sede Apostólica una nueva fecha para la Ceremonia de Beatificación del Venerable Obispo oxomense, Juan de Palafox y Mendoza, que estaba fijada para el mismo día en la S. I. Catedral de El Burgo de Osma (Soria).

Antonio de Palafox y Croy realizó los primeros estudios mayores en Valencia, terminándolos más tarde en Roma bajo la dirección de su tío, el cardenal de Gante, siendo nombrado monseñor por el Papa Clemente XIII. Durante su estancia en Valencia coincidió con la corriente jansenista e ilustrada en la cual destacó Gregorio Mayans. Vuelto a España, fue nombrado el 22 de diciembre de 1762 arcediano titular de la diócesis conquense, y canónigo tres años más tarde. Obtuvo durante su carrera eclesiástica en la ciudad del Júcar nuevos beneficios, incluida la Gran Cruz de Carlos III. Sobre su labor ilustrada en Cuenca destaca su colaboración en la construcción de la Casa de Recogidas, que había iniciado en 1776 el entonces obispo, Sebastián Flórez Osorio, y que a su fallecimiento terminó, tres años después, el propio arcediano. Protegió la industria y la economía lo que hizo posible un pequeño desarrollo de ambos aspectos en una ciudad que ya estaba en crisis. En 1774 trae a Cuenca al valenciano Gaspar Carrión, maestro mayor de seda de la ciudad de Murcia, para establecer la enseñanza y la práctica de esta industria textil. Para la creación de esta nueva fábrica el arcediano contribuyó además con la donación personal de trescientos mil reales. A ello hay que añadir sus fundaciones en beneficio de la educación infantil, en colaboración con la Sociedad Económica de Amigos del País.

Antonio Palafox fue propuesto para la silla episcopal de Cuenca el 6 de julio de 1800, y aunque fue preconizado el 20 de octubre, no entró en el gobierno de la diócesis hasta cuatro meses más tarde. Desde el mes de junio anterior se encontraba ya en la ciudad, invitado epor el propio Palafox, el jesuita Lorenzo Hervás y Panduro, quien empezó a ordenar la biblioteca del Seminario, y reconoció los archivos catedralicio y municipal. Sin embargo, una carta enviada en octubre de aquel mismo año al Secretario de Estado Mariano Luis de Urquijo por el conde de Cervera, regidor decano del municipio, en la que puede apreciarse claramente el recelo que algunos sectores de la sociedad seguían mostrando hacia los jesuitas, obligó al ilustrado de Horcajo de Santiago a abandonar la ciudad y regresar otra vez a su pueblo natal, en la Mancha conquense. El 24 de noviembre de 1800 el propio Urquijo remitía una carta al gobernador del Consejo de Castilla, en la que se hacía eco de los temores del Conde de Cervera.

Para mejorar la formación religiosa, moral eintelectual de sus diocesanos, publicó un pequeño libro, titulado Libro de la urbanidad y cortesía para enseñar a silabear y a leer a los niños de la ciudad de Cuenca y su obispado, que fue impreso en la imprenta de Antonio de La Madrid. Planteado como una serie de ejercicios de lectura, dedica la primera parte al estudio y comprensión del abecedario, dando también importancia a todas las reglas que entonces se llamaban de las buenas costumbres: la religión, la cortesía con los padres y los profesores, el aseo del cuerpo, y la prudencia.En este período estuvo muy vinculado a la tertulia ilustrada que en Madrid mantenía su propia cuñada, la condesa de Montijo.

Felipe Antonio de Palafox y Croy d'Havré y Centurión, 1739- 1790, hermano un año mayor del obispo de Cuenca, casa en Madrid en 1768 con María Francisca de Sales Portocarrero y López de Zúñiga, VII condesa de Montijo.

Su obispado fue muy breve, falleció el 9 de diciembre de 1802. Su muerte impidió que algunos de sus proyectos pudieran convertirse en realidad. Entre esos proyectos, y por lo que a la educación se refiere, figura la construcción, junto al seminario conciliar, de una casa adjunta en la cual se impartirían actividades formativas para el clero de la diócesis. También pensaba ensanchar la calle de subida hacia el propio seminario, con el fin de que su fachada pudiera ser vista desde los arcos del ayuntamiento, y del mismo modo, pretendía derribar la manzana de casas que aún separan las calles Colmillo y Clavel, y a ésta a su vez de la Plaza Mayor, formando de esta forma una gran plaza en la que se inscribieran los tres grandes edificios conquenses: catedral, ayuntamiento y palacio episcopal. Finalmente, otro de sus proyectos que nunca dejaron de serlo fue el arreglo del complejo urbano formado desde el puente de la Trinidad hasta la Plaza Mayor, que se encontraba en un estado lamentable.

Otros eclesiásticos que nacieron también en la provincia de Cuenca son: Andrés Marcos Burriel, jesuita natural de Buenache de Alarcón, uno de los más importantes legalistas de la época; Alonso Cano y Nieto, trinitario de Mota del Cuervo, fundador de escuelas de primeras letras y también de otras entidades de carácter caritativo, como el hospicio y la casa de la misericordia, desde su cargo de obispo de Segorbe en Castellón; Jácome Capistrano de Moya, de Hontecillas o de Pinarejo, investigado por la inquisición conquense en 1801, presbítero destinado en Fuente de Pedro Naharro, uno de los primeros en defender la situación de la ciudad romana de Segóbriga en las ruinas de Cabeza de Griego, cerca de Saelices; Francisco Antonio Fuero, de Cañizares, canónigo de la catedral de Cuenca y uno de los iniciadores de la arqueología conquense en sus trabajos sobre la situación de las ruinas romanas de Ercávica; Ángel Gregorio Pastor, de Horcajada de la Torre, que simultaneó sus estudios de teología con sus investigaciones en los campos de la física, la electricidad, las matemáticas y el derecho, y que fue catedrático de la universidad de Alcalá de Henares; Alonso Núñez de Haro y Peralta, de Villagarcía del Llano, obispo y virrey de Méjico, donde fundó colegios, además de un hospicio, un hospital y una inclusa; Diego Antonio de Parada y Vidaurre, natural de Huete, catedrático de la universidad de Salamanca y arzobispo de Lima; Juan Bernardino Rojo, de Gascueña, religioso que investigó en el tema de las piedras preciosas.