jueves, 27 de enero de 2011

Cosas y Gentes de Cuenca. "La ciudad de las cien torres", y de las Cien Leyendas.

Lo que resta de la Casa- Palacio de los Hurtado de Mendoza, marqueses de Cañete, se encuentra en el recinto de los que fue el Alcázar de Cuenca con vistas a la calle Alfonso VIII, con rasgos de tipología de casa aragonesa urbana.

Era famoso por estar en lo eminente de la ciudad, que parece atalaya della. Desde este edificio corre un pasadizo, que le junta con otras casas de los mismos dueños, que llaman las Antiguas. Y por un lado de la pared se ve subir un golpe de agua mas de ocho estados de alto, y dividirse en dos para dar agua a las fuentes de ambas casas. Y es cosa de maravillar, ver, que por una parte, que sale a la calle, que llaman de la Correduria ay algunas casas pertenecientes a los mismos Marqueses, que tienen quatro, y cinco quartos, y en lo eminente dellas un jardin con su fuente, como se dice de los muros de Babilonia.

La moderna Casa de la Moneda, 1661-1728, estaba en unas huertas que con su agua fueron compradas a la orden de Santiago por 50.000 reales en la orilla izquierda del Júcar en las proximidades de la puerta de Huete de la muralla medieval de Cuenca, cerca de donde el Huecar da sus aguas al Júcar. "La vieja" del siglo XI, estaba situada en el al-Qacar hispano-árabe, donde queda tras la conquista cristiana. En el antiguo Alcázar árabe donde estaban las casas del marqués de Cañete. En los siglos XV y XVI sus dependencias se desperdigan por calles y plazas próximas. "era fácil inundar con las aguas del río Huécar la llanura que ahora son arrabales, haciéndola inaccesible por aquella parte"

La Puerta de Valencia de la muralla es la zona de acceso de la ciudad nueva a la vieja, del llamado extramuros a intramuros de Cuenca. Desde la Puerta de Valencia podemos ver ya uno de los dos ríos de la ciudad: el Huécar. Calle Puerta de Valencia. Aquí, el barrio de San Francisco, donde podemos ver la portada barroca del Convento de la Concepción Franciscana, o Convento de las Concepcionistas llamado de la Puerta de Valencia. Se le conoce por este último nombre al situarse al lado de donde antes estaba dicha puerta, hoy totalmente desaparecida. Fue construido en 1504 por don Álvaro de Sotomayor sobre una antigua casa templaria.

Desde la anteplaza del Ayuntamiento sale una ruta que nos permite visitar “Las Blancas”, nombre popular del fabuloso Convento de las Santísimas Esclavas del Santísimo Sacramento y una visita que no podemos perdernos. Más adelante, tras subir la preciosa escalinata adyacente al convento llegamos a la preciosa Plaza de la Merced, donde encontramos tres de los monumentos más importantes de la ciudad, el Convento de la Meced y la Iglesia de la Merced, originales del s. XVI, el Museo de las Ciencias, antiguo asilo de ancianos del s. XVIII, y el edificio del Seminario Conciliar de San Julián;
Seminario Conciliar de San Julián. Edificio construido sobre los restos del Palacio del Marqués de Siruela, en 1975, bajo los auspicios del obispo José Flores Osorio. Destaca su gran portada barroca y el retablo gótico, obra del Maestro de Horcajo. Adyacente al Convento de la Merced
Iglesia y Convento de la Merced. Construido en el siglo XVI fue en su origen convento de mercedarios. Posee dos portadas, ambas de estilo barroco. De las dos, la más pequeña, da acceso al convento de clausura de las Esclavas del Santísimo Sacramento. En esta fachada se puede contemplar un escudo de los Hurtado de Mendoza, una de las familias más importantes de la ciudad. Adosada a ésta, se encuentra la otra portada, la más espectacular que corresponde a la de la Iglesia. Distribuida en dos pisos, en ella vuelve a aparecer el escudo de esta familia, a la que perteneció el solar en el que anteriormente se levantaba un palacio gótico de su propiedad. Este convento fue el lugar en el que permaneció desterrado, durante tres años, fray Gabriel Téllez, conocido como Tirso de Molina. El escritor escribió aquí su obra "La Prudencia en la mujer". Plaza de la Merced.
En 1684 abandonaron los mercedarios su retiro de la Fuensanta- junto al Huecar y no lejos del actual hospital Virgen de la Luz- y del Campo de Futbol, lamado así; de la Fuensanta-donde vivido habían casi durante tres siglos. En su iglesia la capilla mayor la costearan hacia 1427 Sancho de Járava y su mujer María de Toledo. Se trasladaron a la magnfica residencia del marqués de Cañete en el barrio del Alcázar, junto á la cual se edificó más tarde el seminario de San Julián. Fundó este seminario en 1584 el obispo don Gómez Zapata, en 1628 lo trasladó don Enrique Pimentel a unas casas situadas detrás de San Pedro, y en 1745 lo edificó don José Flórez Osorio tal como ahora está sobre las del marqués de Valverde. Las del marqués de Cañete, antes de establecerse en ellas los mercedarios, eran grandiosas según la descripción de Mártir Rizo, con cuatro ó cinco pisos, jardines y fuentes.

Museo de Ciencias de Castilla-La Mancha
. Abrió sus puertas a finales de los 90. En la Plaza de la Merced.

En el numero 87 de esta calle-de Alfonso VIII-foto- se alza la Casa del Corregidor, o Cárcel Vieja
, palacio del siglo XVIII, de planta rectangular; que presenta tres alturas a esta calle y alero de madera policromado a la hoz del Huécar. Es un bello edificio palaciego, pesé a su apariencia abandonada, de planta rectangular y fábrica de sillería, que data del siglo XVIII. A principios del siglo XVI, la residencia o casa del corregidor estaba situada en el barrio del Alcázar y también servía como cárcel. En torno a 1541 el Concejo acuerda construir una nueva cárcel. Esta cárcel real fue demolida a mediadas del siglo XVIII, y en el solar que aquélla ocupaba se erigió el edificio que hoy subsiste.

José Martín de Aldehuela
, el maestro turolense con tanta presencia en Cuenca y su provincia, diseño un edificio de tres plantas en la fachada principal, que se convierten en siete en la posterior, separadas por cornisas. En los ángulos dispone cadenas de sillares fingidos. Los huecos están armónicamente distribuidos, aunque en el lado izquierdo fue necesario acercarlos; su número, cinco por planta, permite que haya un claro eje central, configurado por la portada; en el balcón campea el escudo de España, que irrumpe en el piso alto hasta el alféizar de la ventana. El predominio del eje central queda resaltado aún más por la ornamentación de los huecos, frente al tratamiento plano que se da al resto y por el mayor vuelo de la cerrajería del balcón, apoyado sobre jabalcones.
Tiene un amplio zaguán, con dos pilares, del que arrancan dos escaleras: Una, pequeña y estrecha, nos conduce a los sótanos, que es donde estuvo instalada la cárcel, y otra, que tiene cierta prestancia, nos lleva a la que fue vivienda del Corregidor.
Nacido en 1719 en la localidad turolense de Manzaneda, el arquitecto José Martín de Aldehuela viajó a Cuenca en torno al año 1750, y en esta capital permaneció hasta 1778.

En la Cuenca de comienzos del siglo XVI, desde la puerta de Huete se toma la calle principal-Alfonso VIII- de Cuenca que ascendía paralela a los puntos altos del collado, en los que se situaban los antiguos edificios medievales. En la costosa subida, a más del resuello, no pocos perdían la bolsa y hasta la vida. Precisamente, hacía tan sólo unos días que, en una de las casas de la empinada calle, frente a la puerta de San Juan, Doña Inés de Barrientos había envenenado a trece capitanes comuneros, tras invitarles con engaños a una cena. Al parecer, habían afrentado gravemente a su esposo, Don Luis Carrillo de Albornoz. El duro ascenso -habitualmente lúgubre y peligroso tras la puesta de sol- contaba con el horror añadido de trece cabezas colgadas en los balcones de la casona de Doña Inés.
Casa de los Clemente de Aróstegui. Es una de los más bellos ejemplos de arquitectura civil con los que cuenta la ciudad de Cuenca. Se trata de una gran casa-palacio de planta irregular, balcones y un conjunto espléendido de rejas, que data del siglo XVII. Campean su fachada dos escudos nobiliarios. Calle Alfonso VIII. Fachada principal de tres alturas y la trasera de cinco, con balcones y escudos nobiliarios repartidos regularmente.

La Casa de los Albornoz o Cuarterón. Fue el lugar en el que probablemente nació en 1300 el obispo Gil Carrillo de Albornoz. Fue una de las familias con más presencia y poder en Cuenca y su provincia.
Próxima a la de sus parientes los Cañete y los Priego.

La residencia habitual del linaje Hurtado de Mendoza era el palacio urbano que se levantaba en la collación de Santa María la Nueva, el antiguo alcazar y la antigua judería, lugar de residencia de familias acomodadas, así como lo era la actual calle de Áfonso VIII, sobre cuya acera izquierda se levantaba el Alcazar y luego juderia, y la de San Pedro su prolongación desde la Plaza Mayor al Castillo. Éstas dominaban sobre barrios enteros con sus inmuebles, donde residía el resto de miembros de su linaje y su clientela fiel. Desde la plaza de la Picota, ahora plaza Mayor, hacia el oeste, ascendía una cuesta que llegaba hasta la Casa de la Moneda —Cuenca era una de las seis cecas castellanas— y el palacio gótico de los Mendoza, construido sobre las peñas de la hoz del Júcar. La casa estaba estaba flanqueada por torres angulares rematadas en chapiteles y su fachada principal tenía muchos balcones, aunque el inmueble presentaba un aspecto austero y cerrado, casi militar; los huecos eran escasos y la decoración nula, por lo que mostraba su
áspera mampostería. Otros edificios contiguos también eran propiedad de los Mendoza; una casa fuerte daba a la calle Correría, eje central de la ciudad, calles Alfonso VIII y San Pedro, que comunicaba la puerta de Huete con la plaza de la Picota, apoyada contra los paramentos de las antiguas murallas que abrazaban el barrio del alcázar. También consta en la documentación concejil que, a comienzos del siglo XV, Diego Hurtado de Mendoza estaba adscrito a la collación de Santo Domingo, situada al sur de la ciudad y junto a El Salvador.

La imagen externa del linaje rayaba en la ostentosidad, centrada en los excesivos gastos para sostener clientelas de numerosos servidores o escuderos, así como en los lujos destinados a las vestimentas, adornos, comidas y fiestas.

Otros linajes también disfrutaban de una posición social distinguida en la vida urbana de Cuenca. Tal era el caso de sus parientes y vecinos los Albornoz y los condes de Priego.

Durante la revuelta de las Comunidades en 1520 Luis Carrillo de Albornoz, señor de Torralba y Beteta, y su mujer doña Inés de Barrientos intervinieron a favor del regidor Cristóbal Baquero, a quien las turbas quisieron derribar sus casas. Yendo Luis Carrillo en una mula por la calle, se
le puso en las ancas “uno de la comunidad” diciéndole: “Anda, Luis Carrillo, ya somos iguales” y otras bufonadas. Su mujer, Inés Barrientos, vengó la injuria invitando a cenar a los capitanes de los comuneros, cargándoles de vino y llevándoles a dormir a aposentos separados, donde los criados los colgaron de las ventanas.

Hija natural de Juan Hurtado de Mendoza, I marqués de Cañete- muere en 1490-, y Elvira Rabanel es María Manrique. Casa con Pedro de Barrientos, I señor de Valdecabras en Cuenca, Serranillos en Avilla y Fuentelsaz en Guadalajara, hijo natural de Lope de Barrientos, obispo de Ávila, Segovia y Cuenca, con importantes herdamientos en tierras de Cuenca y Ávila. Para algunos sobrino. Padres de Inés, Ana de Barrientos, señora de Valdecabras y Serradilla que casa primero, con sucesión, con su tío Luis Hurtado de Mendoza y Barrientos, señor de la Frontera y Beamud, hermano de su madre, y después con Luis Carrillo de Albornoz y Mendoza, señor de Torralba, Beteta y Casa de Rivagorda, alcalde mayor de los Hijosdalgos de Castilla, señor de Albornoz, hijo de Pedro Carrillo de Albornoz, señor de Torralba, Beteta- señor de Albornoz- y de Ocentejo, alcalde mayor de los Hijosdalgo de Castilla, y de su prima segunda Mencía de Mendoza, hermana del II conde de Tendilla y I marqués de Mondéjar, prima hermana del II duque del Infantado. Eran los Cañete y los Albornoz vecinos en Cuenca.

Fernando Carrillo de Mendoza, VII conde de PRIEGO, señor de Escavas y Cañaveras, señor de las escribanías públicas, del pontazgo y de las penas de cámara de la ciudad de Guadalajara, embajador del rey Felipe II en Portugal, Asistente de Sevilla, Mayordomo mayor de Juan de Austria, con quien se halló en Lepanto, muerto en 1579, caa con Juana de Cárdenas, hija de Luis Carrillo de Albornoz, señor de las Casa de Albornoz, señor de Torralba y Beteta, Alcalde de los Hijosdalgo de Castilla, y de Inés de Barrientos Manrique, hija de Pedro Barrientos, señor de Valdecabras, hermano- puede que hijo natrual de Luis de Barrientos, obispo de Cuenca y Avila. Padres de
  • Luis,VIII conde de PRIEGO. Muere soltero en 1589, un año despues de su padre.
  • Pedro, IX conde de PRIEGO, que seguirá.
Calle de San Pedro. Calle señorial donde las halla, fue la calzada principal del primitivo núcleo de Cuenca. En ella se ubicaban las casonas nobiliarias a las que se accedía generalmente, por una gran portalón de madera claveteada y en ellas se distinguen portadas timbradas con escudos, amplios balcones y ventanas con magnífica rejería. Además de estas casas palaciegas, podemos encontrarnos diversas iglesias y conventos en este paseo imprescindible. Calle San Pedro, calle que desde la Plaza Mayor nos lleva la iglesia de San Pedro en la parte alta de la Ciudad. Luego la calle del Trabuco y la plaza del antiguo Castillo.
Calle Alfonso VIII La calle principal de acceso a la Plaza Mayor tomó forma definitiva a lo largo del siglo XVIII. En ella se conservan dos magníficas casonas, del XVII, situadas frente a la escalera de la Plaza del Carmen. Una es la Casa del Corregidor, de planta rectangular, fábrica de sillería en esquinas y noble estructura, pese a su descuido actual. La otra es la casa-palacio de los Clemente de Aróstegui, con muy buena rejería y dos blasones a la altura del balcón principal.
El Caserón del Carmen, un edificio de viviendas del siglo XIX, de forma rectangular y con fachada de estilo neoclásico.
Casa de los marqueses de Priego, construcción del siglo XV, con fachada sumamente limpia, con interesante alero, rejería del siglo XVII y un importante escudo gótico enmarcado por alfiz.
Palacio de los condes de Toreno. Señores de en Cuenca de Valparaíso de Abajo. Edificio de los siglos XIII - XV y reformado en el XVII, que fue residencia de Enrique de Trastámara, y posteriormente de otros nobles y artistas. Tiene fachada a la calle y a la plaza, así como jardin a la ronda del Júcar. Planta rectangular y tres alturas, zaguán y caja de escaleras típica de las casas-palacio, y una composición en fachada que resalta la importancia del piso principal, además de grandes huecos recercados con estructura clásica de frontones. Tenián los Toreno capilla en la iglesia de San Pedro. Edificada con la primera reconstrucción del templo a comienzos del siglo XVII. Durante la Guerra de Sucesión, en 1700, volvió a ser destruida la iglesia, para ser renovada posteriormente por el arquitecto José Martín de Aldehuela.

Antes de llegar a “la Correduría”, zona de comercios en la calle Alfonso VIII, estaba la desviacíón hacia el Alcázar. Este era un gran recinto fortificado que se hallaba dominado por la Torre de Mangana, un viejo alminar de las congregaciones árabe y judía. Cercana al Alcázar, se encontraba la casa del Corregidor.

La Casa del canónigo Juan del Pozo. Destaca su portada adintelada de sillería. Este es el elemento más importante de la casa que sirvió de morada al Canónigo Juan del Pozo, fundador y mecenas del Convento de San Pablo y del puente del mismo nombre. De Pedro del Pozo es la casa donde se funda el convento de jesuitas en la calle de San Pedro.
El puente de San Pablo fue edificado en piedra a mediados del siglo XVI, estaba formado por cinco arcos apoyados en pilares muy toscos, en forma de torres, de las que aún quedan en pie algunos restos. Desde el XVIII fue sufriendo un proceso de ruina que concluyó con su derribo total a finales del XIX. En 1902 se levantó la actual pasarela, el más significativo ejemplo existente en Cuenca de la arquitectura del hierro propia de la época. Tiene una altura aproximadamente de 60 metros.
LA CAPILLA DE POZO O DE SAN ROQUE. Fue fundada por el canónigo Juan del Pozo en 1503, en el lugar contiguo del Transparente y trasladada a su emplazamiento actual en el siglo XVIII. Dispone de una reja y un altar de estilo góticos, según proyecto de Juan Francés, en 1511. El retablo es obra de Gonzálo de Castro de comienzos del siglo XVI. La talla central del retablo que representa la Asunción de la Virgen fue trasladada al Museo Diocesano y fue sustituida por la de San Roque. El retablo contiene numerosas pinturas de óleo sobre tabla.
El fundador del convento de Cuenca fue enterrado al año siguiente en el crucero de la iglesia. El sepulcro estaba cubierto con una lápida de piedra blanca con la figura del difunto y la siguiente inscripción. “Aquí está el cuerpo del indigno canónigo Juan del Pozo primero fundador de esta casa y monasterio, pide y ruega por reverencia de Nuestro Señor Dios le supliquen haya misericordia de su ánima, murió año de 1539 a 5 de noviembre”
La Posada de San José en la corta calle de Julian Romero que por detrás de la Catedral une la Plaza Mayor con la calle de San Pedro fue el antiguo Colegio de los Infantes de Coro de la Catedral. Vivieron en él Juan Bautista del Mazo y su mujer, hija del pintor Velázquez, que venía a visitarlos con regularidad. Se cree que Velázquez pudo realizar uno de sus primeros bocetos de Las Meninas en alguna de las salas de esta casa. Actualmente se ha acondicionado como hotel.
La Casa Curato, junto al Palacio Episcopal y al Museo Diocesano, es un ejemplo de arquitectura medieval popular conquense. Reformado hace pocos años para acoger la instalación del Museo Provincial, y en cuyo interior conserva dos lienzos de mampostería con arcada gótica. En la muy cercana calle del Clavel, detrás de la Catedral, se alza una casa de viviendas del siglo XVIII, que tiene dos niveles diferentes de entrada, balcones y ventanas con una importante rejería, zonas de sillería y un enfoscado con pintura de color azul muy característico.
La Casa de los Albornoz o Cuarterón. Fue el lugar en el que probablemente nació en 1300 el obispo Gil Carrillo de Albornoz. Fue una de las familias con más presencia y poder en Cuenca y su provincia.
La Audiencia Vieja. La Audiencia Real Se trata de una casona del siglo XIX que fue totalmente restaurada y que en la actualidad acoge el Conservatorio de Música. Calle Palafox.

Auditorio
. Se construye en la piedra caliza del cerro del Socorro, en la hoz del Huécar, siguiendo el proyecto de García de Paredes. Cerro del Socorro, hoz del Huecar.

Las Quinientas
. Destacan por formar un racimo de viviendas de dos plantas, muy visitadas por los turistas. De los años 60 del siglo pasado. Populosa barriada del “Obispo Laplana”, conocida popularmente por “Las Quinientas”. Junto al Huecar al final de la Avenida de los Reyes Católicos.

Jardín de los Poetas. Se ha instalado este parque en el claustro de la antigua Iglesia de San Gil
, hoz del Huecar, de la que solo queda en pie, su torre y la portada de acceso. Recibe su nombre a instancias del poeta conquense Federico Muelas. En este parque, sobre los cimientos del mencionado claustro se han celebrado distintos recitales de poesía. Barrio de San Gil.
Casa de las Rejas. Pósito o Almudí. Construido para Posito Real, fue una excelente muestra de la arquitectura civil barroca que caracterizó a Cuenca. Hace esquina con una de las caras del Convento de las Monjas Benitas y data del siglo XVI. Su planta rectangular se distribuye en dos alturas y reúne los principales elementos de este tipo de arquitectura tales como su portada clásica, su rejería y sus escudos. Fue restaurado en el siglo XVIII. A lo largo de su historia ha desempeñado muchas funciones. Ha sido museo, gimnasio y conservatorio. En la actualidad es utilizado por el Ayuntamiento como sala de exposiciones.

Cruzando el puente romano del Canto, sobre el verde río Xúcar, Vad o Guad-el-Xúcar se llegaba a extramuros de la ciudad, al barrio de San Antón
. Este había tomado el nombre de su hospital principal, aunque había otros hospitales aledaños como el de San Lázaro, el de San Jorge o el de Belén. Los familiares de los enfermos habían ocupado la antiquísima barriada y se malganaban el sustento como herreros, olleros o curtidores.


La Casa Curato de San Antón
, una sencilla edificación del siglo XIX, y el puente de San Antón, de dos ojos de medio punto sobre el río Júcar, que sustituyó, en el siglo XVIII, a otro mucho más antiguo, de origen, al parecer musulmán. Era el puento del Canto.
El hospital de San Antón había sido fundado en el siglo XIII por un grupo de seglares franceses procedentes de la Motte-Aux-Bois. Se construyó junto a una abandonada ermita templaria. El hospital estaba especializado en el tratamiento del “ignis sacer” o “fuego sagrado”. Esta enfermedad, que había devastado Europa, era conocida comúnmente como “fuego de San Antonio” pues, según la creencia popular, la invocación del nombre de este cenobita proporcionaba algún alivio a los que la contraían.

En el siglo XII aparecen en España focos del “mal de San Antón” o “fuego sagrado”, “mal de los ardientes”, “fuego infernal” o “fuego de San Antonio”. En el año 1214 vino a España la Orden de San Antón (o antoninos) para atender a estos enfermos, que, como es sabido, sufrían brotes de ergotismo producidos por el cornezuelo del centeno, a los que dada la aparición en focos, se les consideró contagiosos. La primera casa para estos enfermos se estableció en Castro Xeriz (Castrojeriz, en Burgos). Misteriosas dolencias que afectaban a familias enteras, lo cual ocurría en determinadas épocas del año, coincidiendo con la confección del pan, preparado con los “cuernos” del centeno. Se la llamaba “enfermedad de los pobres”. El control de las epidemias del fuego de San Antonio fue relativamente sencillo, en cuanto se comenzó a prevenir la ingestión de centeno contaminado,
Los antonianos procuraban controlar los alimentos en los mercados.Contaban con una eficaz medida preventiva que consistía en la elaboración de los humildes “panecillos de San Antón”, de fama más que justificada: al purgar de cornezuelos la harina de estos panes, con ello conseguían salvar la vida de muchos pobres.
Hace unos mil años, una rara epidemia de locura azotó Europa. Las víctimas de esta enfermedad sufrían lo indecible. Además de tener alucinaciones terroríficas, sus piernas y brazos se volvían negros y poco después sobrevenía la gangrena. Dichas extremidades gangrenosas podían ser arrancadas del cuerpo sin que se presentara el menor sangrado. La enfermedad fue llamada Fuego de San Antonio debido a que muchos de los síntomas recordaban el martirio que sufrió el santo cuando se fue a orar al desierto. La causa de la enfermedad estaba en el centeno. El pan preparado con éste grano solía estar infectado con un hongo, el cual causaba los síntomas.

En San Antón estaba la pequeña figura de una Virgen conocida bajo las advocaciones de Nuestra Señora de la Luz o del Puente. Una virtud prodigiosa de la imagen mantenía aquel lugar como el más devoto de la ciudad. Se le atribuían grandes poderes miraculosos sobre la salud y la enfermedad y esto era de sumo interés para Torralba. Tras una de las reconquistas de la ciudad a los árabes se construyó en el barrio una ermita para su culto.


Cuenca en el siglo XVI. Desde la puerta de Huete se tomababa la calle principal de Cuenca que ascendía paralela a los puntos altos del collado, en los que se situaban los antiguos edificios medievales. En la costosa subida, a más del resuello, no pocos perdían la bolsa y hasta la vida. Precisamente, hacía tan sólo unos días que, en una de las casas de la empinada calle, frente a la puerta de San Juan en la muralla del Alcazar, Inés de Barrientos había envenenado a trece capitanes comuneros, tras invitarles con engaños a una cena. Al parecer, habían afrentado gravemente a su esposo, Luis Carrillo de Albornoz. El duro ascenso -habitualmente lúgubre y peligroso tras la puesta de sol- contaba con el horror añadido de trece cabezas colgadas en los balcones de la casona de Doña Inés. Antes de llegar a “la Correduría”, una zona de comercios que continuaba la calle, esta la desviacíon hacia el Alcázar. Este era un gran recinto fortificado que se hallaba dominado por la Torre de Mangana, un viejo alminar de las congregaciones árabe y judía. La Torre se atribuía por inercia a los constructores árabes. Cercana al Alcázar, se encontraba la casa del Corregidor. Debajo de esta casa estaba la caverna escondida en el interior de la peña sobre la que se asentaba el Alcázar y otros edificios colindantes. Desde la enorme oquedad, podía descenderse por pasadizos a los arrabales, extramuros de la ciudad, o a las profundidades de la Plaza de Santa María la Mayor - la catedral-, Plaza Mayor o de la Picota. Recordemos que existía precisamente en el Alcazar la iglesia de Santa Maria la Nueva- luego de Gracia-, antes la sinagosa judia y tal vez antes una mezquita. Desde el subsuelo de la Plaza nuevos pasadizos ascendían hacia el castillo situado donde, casi, se juntaban las dos hoces en lo más alto de Cuenca. De este modo, quedaban comunicadas subterráneamente las dos fortalezas del casco medieval. Se amparaban así, sus defensores, de las torres y máquinas con que los ejércitos enemigos los hostigaban desde los cerros de la Majestad y del Socorro. Aquellas arterias secretas eran tan amplias que contaban con rotondas para permitir la circulación de carruajes en su interior. Los pasadizos denumerosas edificaciones incrementaban la red original hasta convertirla en una auténtica ciudad interior. Podía recorrerse Cuenca, de un extremo a otro, sin necesidad de salir al exterior.

Tenues quejidos y ruidos de cadenas confirmaban que en algún lugar recóndito de aquel laberinto se hallaban las famosas cárceles secretas de la Inquisición conquense. Unos incalificables sucesos conmocionaban, desde hacía meses, la ciudad: numerosos niños eran encontrados asfixiados al amanecer. Unas pocas viejas -que vivían en el barrio de la Calle de la Moneda y la Puerta de Valencia- habían sido acusadas formalmente de brujería y de ser las causantes, por métodos innombrables, de tan horrendas muertes. Se decía, aunque esto no había sido comprobado en absoluto, que tras matarlos les arrancaban las vísceras para utilizarlas en la fabricación de sus maléficos ungüentos. El caso no estaba claro porque, entre otras razones, los supuestos crímenes se sucedían a pesar de haber encarcelado a todas las presuntas responsables.

En todos y cada uno de los treinta y cuatro mesones de la ciudad se conocía sobradamente el asunto que constituía, prácticamente, el único baturrillo de sus paisanos.

La sede principal, entonces, de la Inquisición estaba en las casas episcopales anexas a la Catedral. Aquí estaba María Monxa, apodada “La Lorenza” por ser su esposo Lorenzo de Atienza. Águeda de Beamud, viuda de segundas nupcias al servicio del racionero Diego Alonso de Cañete; y a Illana de Peñalver, mujer de Rodrigo de Zárate; y a la “Pastora” que vivía entre la Puerta de Valencia y la calle de la Moneda. Aquellas pobres mujeres no eran más que parteras y ensalmadoras que, a cambio de un poco de alimento o algo de ropa usada, ejercían de curanderas con sus remedios y oraciones. Sus enfermos unas veces sanaban y otras morían como, por otra parte, les ocurría invariablemente a los que caían en manos de los médicos. Cierto que habían recibido muchasacusaciones pues su forma de vida asustaba a los convecinos. Cierto que, muchas noches, las habían sorprendido juntas danzando y cantando indecorosamente por las calles, aunque aquella conducta obedecía más al mucho vino que a algún demonio.

Las muertes de los niños que se les atribuían respondían a una causa muy simple: morían asfixiados por el propio peso de sus madres, mientras dormían con ellas. El riesgo era evidente por la conocida e inevitable costumbre, en las familias pobres, de dormir muchos de sus miembros en la misma cama. Bien que algunas habían confesado bajo tortura, pero era requisito indispensable que luego firmaran la confesión, sin ella y -llegadas a este punto- todas se retractaban. El descuido en la crianza de los hijos, por parte de madres negligentes, podía ser la causa de alguna muerte aislada ya que, de hecho, así sucedía de cuando en cuando en todas las épocas. Más en modo alguno explicaba esto la sumación y coincidencia en el tiempo de todas aquellas terribles muertes. Los niños fallecían por una epidemia de angina sofocante o “garrotillo”. Se trataba de una enfermedad más que conocida, aunque sin tratamiento por el momento, capaz de matar en tres cuartas partes de los casos. El único dato que no encajaba en el cuadro clínico, las contusiones en los cuerpos de los niños, era del todo entendible sin la intervención de fuerzas infernales. Muchas madres, aterradas al hallar los cadáveres de sus hijos, recurrieron a las curanderas. Las intempestivas e inútiles maniobras de reanimación que en alguna ocasión se aplicaron habían causado dichas lesiones. Las propias madres, frustradas ante la impotencia, eran las principales acusadoras de aquellas a las que habían solicitado socorro. Aquella enfermedad podía tener como origen último un “miasma” semejante al que causaba la peste, una materia o hedor originados por procesos de putrefacción en el aire y en el agua.

El pueblo de Cuenca, terco y soliviantado, no admitiría una absolución. A todas aquellas mujeres se les darían cien azotes públicos y, la que sobreviviera, sería desterrada para siempre de la diócesis. A todas menos una, llamada María de Moya, cuya evidente falta de juicio y sus intentos frustrados de suicidio aconsejaban dejarla en suspenso el proceso. Aunque no hubiese podido demostrarse culpabilidad en estas mujeres, persistía sobre ellas la “vehemente sospecha” que, por sí sola, justificaba el castigo.

Por la calle de Pilares, ahora Severo Catalina, se ascendía, también, a la Plaza de Santa María de Cuenca que hacía las veces, ya de mercado o improvisada plaza de toros, ya de sitio principal de reunión para lo que hubiera menester. Un alarido era señal de que otra criatura había sido encontrada asfixiada y que aquel grito atroz era el llanto sin par de su madre. Junto a la plaza Mayor, es la calle estrecha que discurre a la derecha, según subimos, paralela a la plaza y a un nivel inferior. Desde la calle Pilares y por un precioso paseo se desciende a la ermita de Nuestra Señora de las Angustias, junto al río Jucar, patrona de la diócesis y de gran devoción popular. Es un edificio pequeño, de carácter popular, construido en el siglo XVII sobre otro anterior. Es tradición, besar el manto de la Virgen el Viernes de Dolores. En la Plaza Mayor, coronando la Catedral está la torre de Giraldo. En el año 1902, se produjo el desplome de la torre de Giraldo que provocó enormes destrozos en la fachada por lo que hubo que reconstruirla, en estilo neogótico, según proyecto de Vicente Lámperez. Fue Giraldo de Flugo el escultor de una imagen de alabastro de la Virgen que estaba situada en el Coro.
LA CAPILLA DE SAN MARTÍN. Fue fundada por el canónigo Martín de Huélamo a mediados del siglo XVI. Dispone de una reja forjada, obra de Hernando de Arenas y realizada en 1548. El retablo de esta capilla está dedicado a San Martín en estilo plateresco con medallones realizados en alabastro por Giraldo de Flugo, en el que se combinan la madera policromada, la pintura sobre tabla y el alabastro. Bajo el arcosolio se encuentran los sepulcros de los Montemayor, traidos de la iglesia de Santa Maria la Nueva o de Gracia, antes la sinagoga de Cuenca . Familia de converos algunos de cuyos miembros estaban enterrados en su capilla de la sinagoga, arruinada y demolidada a comienzos del siglo XX.

Giraldo de Flugo, fue un entallador escultor del renacimiento español, influido por Alonso Berruguete y que trabajó con Pedro de Villadiego en la iglesia de Tarancón y volvió a hacerlo en 1558 en el retablo de la iglesia de Zafra de Záncara y también en el retablo de la iglesia de Santa Eulalia, de Villares del Saz. Villadiego se encargaba de la traza y arquitectura del retablo y Flugo labraba las imágenes. En la capilla de San Martín de la catedral de Cuenca, se encuentra un retablo atribuido a Giraldo. Está dedicado a san Martín, por lo que su imagen tallada en madera se encuentra en el centro y en los intercolumnios realizadas en alabastro están las figuras de San Pablo, San Pedro, San Andrés y San Cristóbal. También existe de su autoría una escultura en alabastro de la Virgen María en la misma catedral. El escultor Tomás Vázquez le traspasó en 1577, dos obras: un pequeño retablo de san Miguel para la población de Sacedón y una caja en las que tenía que labrar en las puertas un san Fabián y una imagen de la Virgen, para Mohorte
Conjunto de las Casas Colgadas. Sobre la cortada del Huécar; se hallan las Casas Colgadas, edificios emblemáticos de la ciudad, cuyo origen y traza medieval de los siglos XIII-XIV han sido muy reformados en nuestro siglo, que exhiben sus renovadas balconadas de madera, mampostería vista y ménsulas superpuestas de piedra, y se utilizan como restaurante.
La Casa de la Sirena es un edificio de tres plantas, de carácter popular; con entramado visto de madera y mampostería enfoscada, utilizado para servicios, cocina, etc., del mesón de las Casas Colgadas.
La Casa de Rey es otra construcción medieval de los siglos XIV-XV, igualmente reformada en el siglo XX para adaptarla a un nuevo uso; se trata de un edificio gótico popular; y un fragmento del Huécar con balcones a la hoz en cuyo interior se conservan restos constructivos originales de pintura mural al que se le ha añadido una portada renacentista muy bella, procedente del palacio de Villarejo de la Peñuela, además de albergar la valiosa colección del Museo de Arte Abstracto Español reunida por el pintor Fernando Zóbel.

En el barrio de San Martín, colación de la parroquia de San Martín, además de las Casa Colgadas se encontraba el palacio de los Gómez Carrillo. Luego señores de Albornoz.
Levantado sobre el solar de lo que fueron casas de la familia del condestable de Castilla Miguel Lucas de Iranzo que lo fue hasta 1473. Eran los Lucas de Iranzo originarios de la villa conquense de Belmonte, del marquesado de Villena. Fue el I marqués de Villena y señor de Belmonte su protector.
Antes de situarse en tierras andaluzas, en Jaén, regresó a Cuenca, pasando por su pueblo natal.

El edificio que ahora ocupa el Archivo Provincial en la parte de la ciudad, donde arranca el espolón del Cerro de San Cristobal por donde se derrama la Ciudad, calle del Trabuco como continuación de la calle de San Pedro una vez pasada la Plaza Mayor. Prácticamente junto
a los restos de la muralla, en un antiguo edificio medieval que fue sede del Tribunal de la Santa Inquisición, para pasar a convertirse con el tiempo, en cárcel provincial. Fechado en el siglo XVII, estuvo englobado en el conjunto del castillo, en un primer momento. Hay quienes en la noche de Todos los Santos oyen todavía ruidos de cadenas de quienes estuvieron presos allí y fueron ejecutados, así como lo fueron los jefes del movimiento comunero por orden de Inés Barrientos.
Junto al Arco de Bezudo,resto más importante de la muralla y una de las puertas de acceso a la Ciudad viniendo de la Sierra.


El barrio de San Pedro, en Cuenca, es el más antiguo de la ciudad y está situado en su parte alta, al lado del castillo y de la plaza del Trabuco. Es de origen musulmán y fue un barrio noble en la Baja Edad Media, después barrio de canónigos en el siglo XVIII. Posteriormente fue un barrio muy popular, ya en el siglo XIX para posteriormente convertirse en la zona favorita de la ciudad para los famosos artistas del grupo El Paso, originarios de Cuenca: Saura, Rueda y Torner. Esta zona conserva numerosos vestigios de la historia de la ciudad además de las ruinas del castillo: la iglesia de San Pedro, el antiguo convento de las Carmelitas Descalzas, la capilla de Caballeros, el antiguo convento de las Angélicas o los restos del colegio de Jesuitas.
La portada del colegio de los Jesuitas da frente a la calle de San Pedro. Los Jesuitas fundaron el colegio en Cuenca en 1554, en una casa que les había donado el canónigo don Pedro del Pozo, que estaba situada en la calle de San Pedro. Para adecuar esta casa a las necesidades de sus nuevos dueños, el maestro de cantería Juan de Palacios ejecutó una importante reforma, patrocinada por don Pedro de Marquina, que era capellán del rey y canónigo de la catedral conquense. A fines del siglo XVI, concretamente en 1591, el maestro de cantería Pedro de Mendizábal y el carpintero Juan López solaron el edificio. Esta portada es el último vestigio de lo que fuera el primer colegio de Jesuitas que hubo en Cuenca.
El pálacio de los Cerdanes de Landa-Zavala. Es el único que no está ubicado en la calle de San Pedro. Es un gran caserón del siglo XVII con fachada a la hoz del Júcar, a la plaza de San Nicolás y al pequeño callejón del mismo nombre, de forma rectangular; con dos plantas, y una interesante ordenación, interior y exterior, de espacios y elementos constructivos, y dedicado actualmente a Museo. También se comunica con la Iglesia de San Nicolás de Bari, en la Plaza del mismo nombre y anexa al Convento de las Angélicas.En el barrio alto de San Pedro.
El Convento de las Angélicas fue fundado por el Comendador Constantino del Castillo, en 1561. De él destaca su portada gótica de medio punto, con grandes dovelas.Destruida su iglesia propia durante la Guerra Civil, está unido a la iglesia de san Bicolás de Bari, situada en la plaza del mismo nombre, por una tribuna.
Los conventos femeninos se organizaron de acuerdo con las ordenanzas de las Angélicas de San Francisco, las Benedictinas, las Bernardas, las Carmelitas de Santa Teresa, las Celadoras, las Concepcionistas Franciscanas, las Esclavas del Santísimo Sacramento, las Justinianas y las Siervas de Jesús. En los conventos masculinos germinaron, una vez más, las tradiciones de la Compañía de Jesús y de otras órdenes con asiento en Cuenca, como la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri, los Agustinos Calzados, los Antoneros (hermanos de San Antonio Abad), los Carmelitas Descalzos, los Dominicos, los Franciscanos Observantes, los Menores Conventuales, los Mercedarios Calzados, los Trinitarios Calzados. y los Padres Observantes de San Francisco del Temple.
El convento de los franciscanos descalzos, junto al río Jucar y la ermita de las Angustias, se edificó bajo la advocación de San Lorenzo, mártir. Don Marcos de Parada, arcediano de Alarcón y canónigo de Cuenca, fallecido en 1578, donó una casa y una huerta con el propósito de costear la fundación del monasterio.
Iglesia de San Esteban, en la plaza de la Hispanidad. Dicha iglesia parroquial, de estilo moderno, es famosa en la ciudad por ser principio o final de algunas de las procesiones de la Semana Santa de Cuenca. Cerca el Palacio de la Diputación. Se empezó a construir en 1881 dada la necesidad de sustituir por su mal estado al que se utilizaba entonces, el antiguo convento de los Carmelitas Descalzos. Se terminó a principios del siglo XX, en 1926, para ser ampliado en 1980 con el levantamiento de otra planta en forma de mansarda- buhardilla-. Convento de las Carmelitas Descalzas. Fue construido en el siglo XVII.

La Iglesia de San Pedro es una de las más antiguas de Cuenca. Levantado sobre una anterior mezquita y situada en la plaza del Trabuco, el edificio es de planta octogonal en el exterior y circular en el interior. Aunque su origen es románico, ha sido destruida varias veces, siendo su actual planta del siglo XVIII. Su portada es barroca y cuenta con una capilla de artesonado mudéjar. Subir a su campanario por su impresionante escalera y ver estupendas imágenes de Cuenca.

Puerta y Torre de San Juan. San Juan tuvo un templo conquense bajo su advocación. De hecho, la ermita que se dedicó al evangelista figuró entre las primeras que fueron erigidas en Cuenca. No lejos de este punto, se abría una de las puertas de la muralla que circundaba la ciudad. Los musulmanes llamaban a este acceso Al Jara, La esquila, pues lo cruzaban por costumbre los rebaños que pastaban en las proximidades del Júcar. Aprovechando esta rutina, los caballeros de Alfonso VIII se cubrieron con pieles de carnero, y mediante ese fingimiento, engañaron al centinela ciego que custodiaba la entrada. Calle Fedérico Muelas, poeta conquense.

Cuenca es ciudad de misterios y leyendas. A los ya citados añadir, de cómo sanó Constanza de Aragón, enfermiza desde niña, tras un sueño en el que se le apareció San Julián y le indicó recoger una cestilla, San Julían vendía cestillas antes y después de ser obispode Cuenca y los donativos ayudaba a los poblres, en la catedral relacionada con el Santo Grial. Al parecer se curó y pudo casarse con su amado, el emperador Federico II, aunque murió un año después. El segundo misterio está relacionado con las profecías de Nostradamus, que identifica a la Catedral con el "Templo donde se guarda el Tesoro" y que protegerá a quienes se refugien en él el día del Mundo.

Constanza de Aragón (Monasterio de Poblet, 1344 - Catania, 18 de julio de 1363), princesa de Aragón y reina consorte de Sicilia, merced a su matrimonio con Federico III de Sicilia. Estuvo prometida con Luis de Sicilia, pero la muerte prematura de este en 1355 hizo que se casara con su hermano Federico el 11 de abril de 1361. De su matrimonio nació una única hija, la futura reina de Sicilia, María. Constanza murió durante el alumbramiento el 18 de julio de 1363. Sus restos yacen en un sarcófago en la capilla de la Adoración de la Catedral de Catania. Hermanastra de Juan I (1350-1396), de Martín I " el Humano" (1356-1410) y de Leonor (1358-82), casada con el rey Juan I de Castilla. Fue la madre de Fernando I de Antequera. Primer monarca Tástma de la corona de Aragón a la muerte sin sucesiónn de su tio Martín I y trás el Compromiso de Caspe. Todos hijos de Pedro IV "el Ceremonioso"