jueves, 25 de marzo de 2010

Resultados de la estimación catastral en las tierras de Castilla.

Una vez realizadas las estimaciones catastrales en Castilla, entre los años 1749 y 1756, los datos obtenido ofrecieron los resultados que vamos a recoger a continuación para establecer una valoración de la situación de estas tierras y de sus gentes, lo mismo que ya hemos hecho con los datos del partido de rentas al que pertenecían las poblaciones que en el momento actual forman el Ayuntamiento de Campos del Paraíso y con los de la misma intendencia de Cuenca.

Los datos que proporcionó el catastro sirven de punto de partida para conocer mejor la sociedad y la economía de la España Moderna, aunque teniendo en cuenta que reflejan un momento y unas circunstancias temporales, por ello es necesario ponerlos en relación con situaciones anteriores y posteriores lo que permite ver la evolución de una coyuntura a lo largo de los años.

En Castilla se catastraron 22.000 poblaciones, de ellas 10.6000 eran señoríos seculares, 2.200 señoríos eclesiásticos y 9.200 pertenecían a la Corona.

La averiguación catastral de las tierras de Castilla para el posterior establecimiento de una “Sola y Única Contribución” estimó que las rentas derivadas de tierras, ganados y actividades personales se situaban en 2.116.154.750 reales de vellón, de ellos el 78,48% estaban generados por el estamento secular. Podemos situar la renta generada por la tierra en manos de seculares en 1.014.589.013, lo que suponía casi el 48% de toda la riqueza generada en el reino.

Los 455.364.924 reales de riqueza estimada para el estamento eclesiástico suponían el 21,51% de la riqueza que se evaluó en el reino de Castilla. La tierra en manos de eclesiásticos supuso un 13,30% de toda la riqueza que se estimó.

La tierra generaba en Castilla el 61,25% de la riqueza que se estimó para el reino, del que corresponde el 10,38% a la riqueza generada por las actividades ganaderas. La renta generada por el sector secundario y terciario suponía el 38,74 de toda la riqueza que se evaluó. Tenemos que recordar, que estas actividades sólo ocupaban a un 12% de la población de Castilla.

Para establecer la Única Contribución se formaron dos repartimientos, uno, de lo real, en el cual se valoró cada medida de tierra por su producto, con las circunstancias de su situación, límites y calidades, otro correspondiente a lo personal, mediante la consideración de las ganancias en la industria, en el comercio y las obtenidas por las actividades profesionales y la ocupación en oficios.

Una de las causas que dificultan la cuantificación de la riqueza catastrada, es que mientras la riqueza generada por el sector primario se registraba en términos brutos, la obtenida a través de alquileres, prestamos, actividad comercial e industrial, salarios, derechos de todo tipo y diezmos de la iglesia aparece en términos netos.

Los ingresos del comercio, de la industria y de salarios se catastraron en algo más de 475 millones de reales correspondiendo al clero un 2%, unos 9.858.758 reales, que estaban generados a título personal formando parte de los ingresos patrimoniales.
Este hecho sirve para corroborar la situación de un clero que tenía en la propiedad de la tierra su gran fuente de ingresos.

La renta comercial en Castilla se puede establecer en 139 millones de reales. Los salarios de los ocupados en la administración pública y en la administración de hacienda se estiman en 42,5 millones de reales.

Los ingresos netos por alquileres, rentas, derechos señoriales y diezmos se situaron en unos 306,3 millones de reales de los que el clero percibía unos 136, el 44,44%. De estos 136 millones los ingresos por pagos de los diezmos eran de unos 80 millones de reales anuales. En este sentido tenemos que decir que el pago del Diezmo absorbía el 50% del producto neto de los agricultores.

Por censos e hipotecas se estableció una cantidad de algo más de 38 millones de reales, de ellos casi 28 millones en manos del estamento eclesiástico. Los elementos del clero ejercían una importante labor en lo que se refiere al préstamo de capitales a particulares, por ello estaba en sus manos la mayor parte de las rentas generada por esta actividad. Para los seculares los ingresos por censos, unos 10.381.894 reales suponían una parte mínima de sus rentas.

Las rentas en manos del estamento eclesiástico estaban muy mal distribuidas, pues en las zonas rurales el clero secular y las comunidades religiosas vivían en situaciones precarias, en tanto que en las ciudades y villas medianas y grandes la población eclesiástica disfrutaba de importantes ingresos y medios de vida.

Al terminar el siglo XVIII los ingresos del clero obtenidos de rentas de la tierra y de las actividades agrícolas se estiman en 500 millones de reales, lo que supone un aumento de unos 45 millones con respecto a los ingresos de mediados del siglo XVIII. Esta cantidad de 500 millones de reales se puede comparar al presupuesto del estado en aquellos años.

En 1747 el número de eclesiásticos estimados es de 170.795. El Vecindario de Ensenada establece la existencia de 176.067 eclesiásticos, de ellos 66.687 elementos pertenecen al clero secular. Se estimaron 56.457 religiosos y 27.685 religiosas y 25.685 ministros subalternos En el año 1768 los elementos del clero regular y secular eran 147.805 y en 1787 143.603, lo que refuerza todo lo dicho anteriormente. A fines del siglo XVIII el total de población de eclesiásticos era de 172.231.

Con relación a los datos anteriores al hablar de la población eclesiástica nos referimos no sólo a los elementos del clero, ya sea regular o secular, como tal, sino también a individuos relacionados en su forma de vida o en sus ingresos con la Iglesia.

Por estos datos vemos que la población religiosa desciende en la segunda mitad del siglo, situación completamente contraria a lo ocurrido durante el siglo XVII en el que el número de eclesiásticos aumenta un 30% con relación al siglo XVI.

Durante el siglo XVII la iglesia y las comunidades religiosas se convirtieron en medio de vida para gran parte de la población. Muchas jóvenes de cualquier clase social encontraban en el convento lo que no podía ofrecerles la imposibilidad de un matrimonio ventajoso. Los cargos eclesiásticos fueron un medio de vida para los segundones de las grandes familias y de muchas jóvenes de la nobleza media y baja.

Este dato llama mas la atención si pensamos que la población de España ha aumentado en dos millones durante esta segunda mitad del siglo XVIII. El estamento eclesiástico supone el 1,6% de la población total de España a fines de este siglo. Pero, a pesar de este descenso en su número los eclesiásticos siguen teniendo en sus manos la cuarta parte de la riqueza generada por la tierra.

Poniendo en relación los datos anteriores con los correspondientes a los censos de 1591 podemos decir que el número de eclesiásticos suponía también a finales del siglo XVI el 1,5% de la población de Castilla, unos 74.153 individuos. Como vemos son datos coincidentes, en los porcentajes, con los de finales de siglo XVIII, aunque referidos a distintas cantidades totales de población global, por lo que se refleja el descenso, tanto en términos absolutos como relativos, de este sector de población con relación a un aumento de población total de 4 millones de habitantes desde 1700 a 1800. La causa de este gran descenso del elemento eclesiástico hay que buscarlos en la mentalidad laica del siglo que se irá haciendo más patente según pasan los años.

Partiendo de los datos del Catastro podemos estimar que los eclesiásticos eran el 3% de la población y tenían en sus manos el 10% del ganado y el 15% de las tierras productivas, que eran tierras de gran calidad en los terrenos más fértiles, obteniendo por ello la cuarta parte de la producción agrícola. La mayor parte de las propiedades eclesiásticas eran tierras de cultivo en tanto que los bosques y pastos eran tierras comunales en manos de seculares. Relacionando el número de eclesiásticos con el de seglares podemos decir que el nivel de vida de los primeros, en relación con sus ingresos, era cinco veces mas elevado.

Para continuar viendo los datos obtenidos del catastro realizado en las tierras de Castilla se recogen, a modo de balance, los bienes estimados para la población empezando por las rentas derivadas de la propiedad de la tierra obtenidas a través de las actividades agrícolas y ganaderas y que podemos considerar como rentas obtenidas por el sector primario.

Los datos se dan partiendo de la riqueza estimada al estamento eclesiástico, para que la enumeración de datos para seculares y eclesiásticos no resulte demasiado farragosa. Al final de este apartado se recogen unos resúmenes con todas las cantidades estimadas en los distintos sectores productivos para ambos estamentos así como otras tablas con distintos aspectos de las estimaciones.

El total de fanegas de tierra que se catastra es de 83.492.405 millones. De estas fanegas el 14,74 % pertenecen al estamento eclesiástico, unas 12.303.495, y suponían una riqueza de 259 654.410 millones de reales, el 24,12% de la valoración en reales de la renta producida por las fanegas de tierra del reino, que asciende a un total de algo más de 1.076.261.207 millones de reales. Las actividades derivadas de la explotación ganadera supusieron el 10% del producto bruto catastrado.

El número de cabezas de ganado se sitúa en 30.843.774, perteneciendo al estamento religioso el 8,92%, unas 2.752.842 cabezas, que suponían unos 21.934.592 reales, el 6,26 % de una valoración estimada por ingresos de actividades ganaderas en 219.856.808 millones de reales para el total de la población secular y religiosa.
Correspondían a ganado lanar trashumante, propiedad de La Mesta, unos cinco millones de cabezas. A mediados del siglo XVIII es cuando La Mesta estaba rozando sus tiempos de mayor decadencia, aunque sólo 56 propietarios poseían mas de la cuarta parte de estas cabezas.

Como curiosidad podemos decir que el número de colmenas en poder de los eclesiásticos era de 229.821 y que los seculares eran propietarios de 1.466.706, lo que suponían 1.696.527 pies de colmenas.

En lo que se refiere a las denominadas rentas pasivas, de las que ya hemos hablado anteriormente, el estamento eclesiástico tenía una importante fuente de ingresos en los intereses obtenidos de los réditos de prestamos. Los censos otorgados por comunidades les suponían unos ingresos de 26.852.134 reales y los que se habían otorgado en base al patrimonio personal de los elementos del estamento eclesiástico suponían unos ingresos de 1.065.030 reales a los prestamistas. Estos prestamos casi siempre se concedían poniendo como garantía del pago de los intereses edificaciones urbanas.

El vecindario del Catastro para pecheros estableció para las 22 provincias de la Corona de Castilla que el número de vecinos que cultivan directamente sus tierras, los pastores y criados se sitúa en 696.705, de ellos 627.421 eran pecheros, en esta cifra están incluidos también los arrendatarios y aparceros el número. El número de jornaleros era de 323.000, el 35% de la población dedicada a las tareas agrícolas .El censo de artesanos, labradores y criados contabilizados como individuos ascendió a 1.385.118. En las tierras de Castilla se presentaron 731.107 Libros de Cabezas de Casas en el vecindario de pecheros.

Se estimaron 215.917 los individuos dedicados al ejercicio de profesiones que podemos considerar asalariados no agrícolas, en definitiva, los ligados al sector secundario y terciario de la economía, un 15,58 de la población activa. Los albañiles censados fueron 50.456. Ascendían a unos 100.000 los artesanos ocupados en las distintas ramas y fases de la producción textil. No llegan a 6.500 los ocupados en oficios que podemos considerar de lujo.
El número de labradores era en el último tercio del siglo XVIII de unos 2.000.000. En el censo del año 1787 el número de campesinos era de 1.860.000 vecinos y en 1797 los labradores propietarios eran 364.000, el de arrendatarios de 507.000 y el de jornaleros de 800.000, en total, 1.671.000 vecinos que trabajaban en el sector primario. Este descenso de población es un indicador más del aumento de las actividades manufactureras y comerciales.

Los reyes impulsaron la creación de Manufacturas Reales, como fueron las Reales Fábricas de tapices, las de cerámica de La Granja, Retiro y Sargadelos, las de fabricación de armas y material de guerra, las de paños y tejidos, en Guadalajara, Ávila, Segovia y Béjar, aunque su existencia y sus logros no respondieron a la iniciativa y a lo que se esperaba de ellas. Incluso se crearon poblaciones nuevas, que podemos considerar piloto, para llevar a la práctica innovaciones en la explotación agrícola y artesanal como fue en Madrid el pueblo de Nuevo Baztán. Este fracaso de las iniciativas innovadoras se aprecia en el pueblo de Nuevo Baztán del que en 1777 sólo quedaban tres telares y un fabricante de paños. Juan de Goyeneche, señor de Saceda, su impulsor, es uno de los hombres clave en estas experiencias de modernización de muy distintas actividades manufactureras en distintas provincias del reino desde 1710, ocupando a trabajadores con sus mujeres y sus hijos traídos de Francia, del norte de España y recogiendo a los que podían ser útiles venidos de cualquier parte del reino.

Los políticos reformistas tuvieron entre sus mayores preocupaciones mejorar e impulsar este sector económico y para ello lucharon rompiendo mentalidades sociales en contra del trabajo manual. Debido a ello, en el censo de 1797 el número de individuos ocupados en actividades manufactureras se sitúa en 459.493 individuos, lo que supone el aumento, en unos 40 años, de algo mas del 100% de la población ocupada en estas actividades. Este gran incremento se debió a la constante preocupación de

Al tratar la situación de la actividad manufacturera en el siglo XVIII no debemos pensar en grades talleres artesanales, pues en la mayoría de los casos el obrador se reducía al maestro que trabajaba con algún aprendiz, sobre todo en las poblaciones más deprimidas de las zonas rurales. No tenía lugar una transformación de las técnicas ni de los procedimientos de producción. La preocupación por fundar industrias será una constante a lo largo del siglo y no se dudo en traer técnicos extranjeros que enseñasen a los españoles o que estos saliesen a aprender al extranjero con la protección de los monarcas.

Por lo que respecta a otros sectores de población por los que preocupo el Catastro, los vecinos pobres de solemnidad censados fueron 43.570, también se censaron 230.278 habitantes sin domicilio. Esta proliferación de habitantes sin oficio ni medios de vida conocidos daría lugar a numerosas normativas sobre vagos, ociosos, holgazanes, vagabundos y errantes “para ocuparles en algún oficio, darles cobijo o destinarles al servicio de las armas” y evitar que la obligación de la limosna y la caridad fomentase la existencia de estas minorías marginales. Estas disposiciones son parecidas a las que se dictan para controlar a pobres y mendigos y que ya tenían una larga tradición en Castilla desde el siglo XVI. Sobre todo se quería evitar que los individuos hábiles para desempeñar una ocupación vivieran de deambular por el campo y las ciudades,” sin aplicación al trabajo”, y sin producir beneficio alguno para si y para el desarrollo de la economía.

La diversidad de actividades industriales era muy escasa y ya empieza a apuntarse una futura concentración en Cataluña, en la cornisa cantábrica, en la Comunidad Valenciana, en algunas provincias andaluzas y en la comunidad de Madrid. Durante el siglo XVIII empieza a sentarse las bases de la estructura económica de España en los siglos XIX y XX.

Pero, la gran fuente de riqueza de Castilla en el siglo XVIII seguía siendo la explotación de la tierra, aunque a lo largo del siglo va cobrando importancia la participación en la generación de riqueza de los sectores secundario y terciario.