jueves, 25 de marzo de 2010

La intendencia de Cuenca. Estimación de la riqueza catastrada en las tierras de la entonces intendencia de Cuenca.

La intendencia de Cuenca es la última creada de las veintidós en las que se organizaron los territorios de la Corona con la dinastía Borbón. Los territorios, que luego darían lugar a esta intendencia, estaban incluidos, en la primera división que se hace en dieciocho intendencias en 1718, en la llamada intendencia de La Mancha. La intendencia de La Mancha abarcaba las diócesis de Toledo y Cuenca.

En el decreto de restablecimiento de intendencias de 1749 es ya una intendencia con entidad propia en el Reino de Castilla.

Los límites de la Intendencia de Cuenca fueron modificados en 1789 y posteriormente en 1804. Las Cortes de Cádiz dividen el estado en provincias que en 1814 fueron suprimidas. En el año 1822 fueron restablecidas las provincias y se fijaron sus límites actuales. La provincia de Cuencas intercambió territorio y pueblos con las actuales provincias de Toledo, Guadalajara, Albacete, Ciudad Real y Madrid. Se suprimió la división provincial de nuevo en 1823 y fue reinstaurada en 1833, sin alteraciones para la provincia de Cuenca, con la definitiva estructura administrativa de división en provincias que se hace desde el ministerio de Fomento por Javier de Burgos

Como se ha mencionado en el párrafo anterior la intendencia de Cuenca no concuerda en extensión y límites con la actual provincia de Cuenca. Así 22 núcleos de población que ahora pertenecen a Cuenca estaban incluidos en el territorio de Toledo. Eran villas que formaban parte del territorio de la Orden de Santiago. Entre estas villas estaban Pedro Muñoz, Mota del Cuervo, Uclés, Fuente de Pedro Naharro, Villarrubio, Tribaldos, Tarancón, Rozalén, Saelices. Todas pertenecían al partido de rentas de Ocaña, que era el centro administrativo de la Orden de Santiago, que tenía en Villarejo de Salvanés, en la actualidad perteneciente a la Comunidad de Madrid, la cabeza de la Encomienda Mayor de Castilla

Así mismo Cuenca perdió parte de su territorio que pasó a formar parte de Albacete. Cuenca tuvo que ceder veinticinco de sus poblaciones a la provincia de Guadalajara, algunas pertenecían al Señorío de Molina y entre ellas estaba la propia villa de Molina de Aragón, Guadalajara tuvo que cederle a Cuenca dos poblaciones.

A finales del siglo XVIII la intendencia tenía dos ciudades, Cuenca y Huete, 245 villas, 79 lugares, 106 aldeas; en total 430 poblaciones y 50 despoblados. Los núcleos de jurisdicción real eran 236 y se contabilizan 197 poblaciones de señorío.

Las tierras de Cuenca vivieron unos momentos de gran esplendor durante el siglo XVI. La comarca montañosa que rodeaba la ciudad vivía una actividad manufacturera y un comercio relacionado con ella vital para el campesinado, ya que sólo un hogar de cada treinta podía mantenerse con lo que se cultivaba.

Las industrias rurales de sargas, estameñas, paños y sayales, en general tejidos bastos de lana para hábitos, vestimenta de poca calidad y ropa de trabajo, suponían ingresos extras para las unidades familiares por la actividad de las mujeres y de todos los miembros de la familia cuando no eran necesarios en las tareas del campo. Pero esta situación se malogró cuando los impuestos empezaron a subir.

Cuenca, junto con Córdoba y Segovia, era uno de los grandes centros europeos productores de lana. Este esplendor se basaba en el desarrollo de la industria textil en los pueblos de la serranía, unida a una floreciente ganadería y a la explotación de los bosques. Se producían 400.000 arrobas de lana, de las que 250.000 se destinaban a la venta y 150.000 se tejían en la propia tierra, obteniendo anualmente entre 17.000 y 18.000 piezas de lana.

Un exponente de esta actividad en la intendencia y en las zonas hasta donde llegaba su influencia económica es el florecimiento de la Feria de Tendilla, en Guadalajara, que se celebraba el día de San Matías, el 23 de febrero. Esta feria se considera en la meseta oriental equiparable a lo que suponía la Feria de Mediana del Campo, en Valladolid, para el oeste de la meseta. En Tendilla se daban cita los pañeros de Segovia, Soria y Cuenca.

Pasado este auge económico del siglo XVI en el siglo XVII se cae en una profunda crisis. Las causas de la decadencia de la provincia fueron el declive, a comienzos del siglo XVII, de la industria textil ya que la lana empezó a exportarse en bruto sin transformaciones de la materia prima. En el siglo XVIII se llegaron a vender a Flandes e Italia hasta 5.000 toneladas de lana. También la industria de la seda corrió una suerte semejante lo que llevo a la crisis de amplias zonas de Valencia y Andalucía.

La lana y la seda se exportaban luego era necesario comprar el producto manufacturado con lo que ello suponía de pérdida de divisas en los pagos al exterior y la ruina de nuestras actividades transformadoras. Otra de las causas de esta decadencia hay que situarla en la caída de las actividades ganaderas de la Mesta a partir de 1630.

A lo largo del siglo XVI se reducen los rebaños a la mitad de los existentes en el siglo anterior. En el año 1577 la ciudad de Cuenca, una de las dieciocho que tenían representante en Cortes, se queja de esta situación a través de su procurador. En 1686 el número de cabezas de ganado lanar se calcula en la cuarta parte de las existentes a comienzos del siglo.

Esta reducción de los ganados hay que buscarla, entre otras circunstancias, en la falta de terreno de pastos porque la Corona, ante la necesidad de financiación de gastos militares y políticos, vende baldíos y pastos comunes de propiedad real para su cercamiento y cultivo, con lo que se impide el pasto y la circulación de ganados. Además los ganaderos sufren una escasez de capital para comprar y mantener nuevas ovejas por el incremento de la fiscalidad y las guerras en el continente que impiden la exportación de la lana. Poseer un rebaño de 500 0vejas estaba muy por encima de las posibilidades de cualquier campesino castellano. Las dos terceras partes de los rebaños eran de menos de 100 cabezas.

Podemos decir que los intereses ganaderos estaban amenazados por el avance de la agricultura. Cada vez se veía mas a la Mesta como una corporación que disponía de una tierra que podía utilizarse para fines más productivos. Además, los pastores locales querían disponer de mayor extensión en su término para sus propios rebaños.

El aumento de las roturaciones que se produce durante el siglo XVII va acompañado frecuentemente de deforestaciones de montes para aumentar el terreno cultivable. La pérdida de bosques y consecuentemente de madera llevará a poner en práctica políticas de reforestación en el siglo siguiente. Esta roturación de suelos montañosos da terrenos de peor calidad y escasamente productivos lo que no supuso una mejora para aumentar los rendimientos de las cosechas y si incidió negativamente sobre la ganadería.

Desde el año 1780 se produce la llamada agonía de la Mesta, aunque a principios del siglo XVIII se da una leve mejoría de la trashumancia y de la exportación de lana.

Cuenca, en este siglo, también tiene una leve mejoría en su actividad textil para llegar a una decadencia económica durante el siglo XIX. Prueba de este pequeño renacimiento del siglo XVIII es la creación en la capital de una fábrica de paños y alfombras por el obispo Palafox.

Se han estimado en cerca de tres millones las ovejas trashumantes en Castilla a comienzos del siglo XVI, que descendieron a dos millones a principios de XVII. En la recuperación de mediados del siglo XVII se llegó a los tres millones y medio de cabezas e incluso a los cinco millones a finales de este mismo siglo.

Estos datos nos hablan de los ganados propiedad de la Mesta, pero no nos podemos olvidar de las cabezas no trashumantes, es decir, el ganado estante. La Mesta con sus ganados de lana merina proporcionaba la lana fina que se exportaba a Europa, pero el abastecimiento de lana para la manufactura y el mercado local así como el abastecimiento de carne dependía de este ganado que permanecía en su pastos locales. Se ha considerado que las cabezas de ganado estante suponían cuatro veces el numero de las de ganado trashumante de la Mesta.

Según datos del Catastro, las cabezas de ganado lanar, tanto trashumante como estante, existentes en Castilla eran de quince millones, aunque a finales del siglo habían descendido a 8 millones. En término de la ciudad de Cuenca se contabilizaron en las diligencias del Catastro 39.600 cabezas de ganado lanar. En toda la intendencia el número es de 1.183.245 de cabezas de ganado de esta cabaña.

Antes de pasar a revisar la población de la intendencia, hay que decir que las epidemias y en muchos casos la peste fueron una de las amenazas constantes del desarrollo demográfico, además de las levas para las guerras y las hambrunas.

En el siglo XIV Cuenca sufrió los estragos de la Peste Negra que empieza a extenderse por Europa desde el año 1348. Esta epidemia afectó en gran medida a la evolución demográfica de las tierras de Cuenca, como ocurrió en la península y en el continente europeo, aunque a lo largo del siglo XV se remonta esta situación.

No hubo en España ninguna epidemia a escala nacional durante los siglos XVI y XVII, pero si brotes localizados que podían paralizar la vida de una ciudad durante semanas. En Cuenca, el tifus fue una causa de alta mortalidad con brotes en los años 1606, 1631, 1710, 1735 y 1804. En los años 1599, 1647 y 1684 se registran brotes de tifus unidos a casos de peste.

La población de las tierras de Cuenca en el siglo XVI se sitúa en torno a los 300.000 habitantes. La población de la ciudad de Cuenca descendió entre 1519 y 1700 de 15.000 a 5.000 habitantes, manteniendo esta población a mediados del siglo XVIII.

Uno de los datos de población que nos indica la decadencia económica que vivió la provincia a partir del siglo XVII es que al acabar este siglo entre el 25% y el 50% de la población rural eran jornaleros.

La decadencia de la provincia y de su capital, pese a sus grandes posibilidades, se mantiene durante los siglos XIX y XX. Cuenca no ha vuelto a encontrar una prosperidad económica que se rompió en el siglo XVII.

La provincia se encuentra ante un futuro en el que tiene que potenciar sus recursos agrícolas, potenciar los sectores secundario y terciario y buscar nuevas formas de actividad económica para conseguir remontar su situación actual.


La estimación catastral de riqueza en la intendencia de Cuenca

La Intendencia de Cuenca, en el momento de la ejecución del Catastro, estaba dividida en tres partido de rentas, cuatro si consideramos el Señorío de Molina, con la villa de Molina de Aragón a su cabeza, como partido independiente del partido de Cuenca, porque aunque los datos de estimación se dan separados de los del partido de Cuenca la documentación sobre el catastro habla de Molina como incluida en Cuenca, “ Cuenca y el Señorío de Molina”. Los partidos de rentas eran, por lo tanto, Cuenca, San Clemente, Huete y Molina de Aragón

Daremos algunos datos de estos Partidos de Rentas y comenzaremos por el Señorío de Molina territorio que en la actualidad pertenece a la provincia de Guadalajara. Molina era señorío real, pertenecía a la Corona y su Señor era el Rey. A pesar de su nombre Molina solo formo parte del Reino de Aragón durante seis años del Reinado de Pedro IV en el siglo XIV A mediados del siglo XVIII era un territorio pobre, integrado por ochenta núcleos de población y 11 despoblados que tenían un censo de 5.523 vecinos de los que 285 pertenecían al estamento eclesiástico.

Las estimaciones del censo de población para el Partido de San Clemente contabilizan 16.242 vecinos de los que 841 son eclesiásticos. Para el Partido de Huete los datos son de 12.162 vecinos de ellos 542 del estamento eclesiástico. El partido de Cuenca al que pertenecía la actual ciudad de Cuenca tenía 33.007 vecinos, de ellos 1.727 eclesiásticos.

La población para el total de la intendencia es de 63.539 vecinos seculares y 3.395 vecinos eclesiásticos, según los datos obtenidos de los Memoriales Libros Maestros, con los que se elabora un vecindario conocido como el de Ensenada y que se manda elaborar por la Real Junta de Única Contribución con los datos obtenidos entre 1750 y 1756 y que es el que estamos siguiendo. La población secular suponía el 94,92% de la población de la intendencia

Si utilizamos un coeficiente tres para pasar de vecinos seculares a habitantes nos da un total de 190.617 habitantes. Aplicando el coeficiente cuatro, utilizado en otras ocasiones, obtendríamos 254.156 habitantes. Siempre a ambas cantidades habría que sumar los elementos del clero.

Si aplicamos el coeficiente tres al número total de vecinos, tanto seculares como eclesiásticos, la cifra de habitantes es de 200.802 y aplicando el coeficiente 4 la población sería de 267.736 habitantes.

Dada la gran dificultad de cuantificar la población por individuos, ya que los datos de los que disponemos son de un vecindario, podemos establecer como cifra aceptable de población para la intendencia la que se sitúa entre los 225.000 y 230.000 habitantes. Como dato comparativo podemos decir que el Arzobispado de Toledo da un censo de población en las estimaciones catastrales de 313.221 habitantes, de los que 304.713 eran laicos.

Por lo que se refiere al estudio de la estructura de la población desde el punto de vista de las actividades económicas sabemos que el partido de rentas de Huete contaba con 7.024 vecinos propietarios del sector primario y ocupados en el sector secundario y terciario, un 58% del censo de vecinos. Los jornaleros eran 2.290, casi un 19%. Como veremos, son porcentajes que se obtienen al evaluar este aspecto de la población tanto a nivel de la intendencia como a nivel de cada partido de rentas.

El número de propietarios agricultores, ganaderos y de dedicados a actividades comerciales y de industrias se contabiliza en el censo del catastro en 37.527 vecinos, lo que supone un 56% del total de vecinos censados en la intendencia. Los jornaleros eran 13.273 vecinos, lo que suponía un 19,8 % de este censo. En relación con la situación de los jornaleros y pequeños campesinos hay que indicar que en la intendencia de Cuenca eran muy frecuentes los subarriendos de tierras. El salario de los jornaleros, incluida la comida se situaba entre los 4 reales y los 2 reales y 17 maravedís. El número de sirvientes se estimó en 162.

El partido con mayor población era el de Cuenca, seguido por el de San Clemente y el de Huete. El partido de Cuenca suponía el 49,37 % de la población total de la Intendencia, el Partido de San Clemente el 24,25 %, el partido de Huete el 18,15 % y Molina de Aragón el 8,24%. En el partido y en la ciudad de Molina llama la atención el poco número de jornaleros, sólo se registran 188 en todo el partido, y de ellos 13 pertenecían al estamento nobiliario.

Por lo que respecta a los datos de población debemos de tener en cuenta las dificultades de cuantificación en una época donde la exactitud y veracidad de los datos no tenían el rigor que se obtiene en la actualidad.

Para terminar de conocer la dinámica de la población de la intendencia podemos decir que la edad de casamiento en la provincia de Cuenca se estima para las mujeres en los 20 ó 21 años. Una cuarta parte de las mujeres se casaba antes de los 25 años y un 50% de los matrimonios implicaba a un viudo o una viuda. Uno de cada nueve matrimonios se realizaban en grado de consanguinidad por lo que necesitaban una dispensa. Los matrimonios tenían una media de 6,2 hijos. El 40% de las familias no tenían hijos que vivieran con ellos y un 25% tenían un hijo viviendo en la casa de los padres.

Cuando moría el padre los hijos dividan las insuficientes propiedades con lo que los recursos todavía se hacían mas limitados en un mundo rural donde la tierra era la principal ocupación. Además, no debemos olvidar que en Castilla existía el igualitarismo en la herencia entre hombres y mujeres.

Por lo que se refiere a los datos sobre la mortalidad infantil y estructura de la población por edades se estima que entre una cuarta y una quinta parte de los niños nacidos morían antes de cumplir el primer año de vida. Tres cuartas partes de la población tenía menos de 40 años y un 36% menos de 16 años. El 50% de la población era menor de 25 años.

En la intendencia de Cuenca se contabilizaron 9.539 viudas, el 15% de la población laica. Llama la atención que 241 de ellas, sólo el 2,6% de las viudas de la intendencia, eran mujeres pertenecientes al estamento noble. En el partido de rentas de Huete el número estimado fue de 1.613 mujeres en esta situación. En el partido de Huete las viudas del estamento noble son el 4,3%. El porcentaje más alto de los cuatro partidos de rentas de viudas nobles es el de Molina de Aragón con un 5%. En el partido de San Clemente era del 1,9% y en el de Cuenca era del 2%. Esto nos indica que la viuda del estamento noble casi siempre podía encontrar la posibilidad de un nuevo matrimonio al que aportaba algún interés económico, situación que no se daba en las viudas del estamento no privilegiado.

Si consideramos esta población que tenía escasos recursos de subsistencia y la comparamos con la de los jornaleros, en muchas ocasiones también con dificultades de mantenimiento, llama la atención que este número elevado de viudas, que son sólo unas 3.731 menos que el número de jornaleros, unido al de jornaleros supone un 35% de población secular en precaria situación económica y social.

Otro apartado importante es el se refiere a los vecinos considerados pobres de solemnidad. En 1565 se establecen las licencias para mendigar que se daban por los médicos después de examinar a aquellos que vivían de pedir por las calles y constatar realmente que eran inútiles para el trabajo. En la intendencia se censan 1.267 vecinos que vivían de la caridad, de ellos 14 pertenecientes al estamento noble. Igualmente podrían existir unos 21 habitantes que no tenían domicilio conocido. En el partido de Huete se contabilizan 291 pobres de solemnidad y 4 habitantes sin domicilio.

La población formada por pobres, viudas, habitantes sin domicilio y menores suponía en la intendencia 12.739 vecinos. Esta población con grandes dificultades para su sustento y dependiente de la caridad de instituciones benéficas, de la Iglesia o de sus vecinos eran un 20% de la población secular. En el partido de Huete el porcentaje es también de casi el 20%, unos 2.306 vecinos.

Los menores y huérfanos bajo tutela censados fueron 1.912 de ellos 49 nobles, 1.648 pecheros y 215 pobres. En el partido de Huete la cantidad es de unos 398, de ellos 14 nobles, 348 pecheros y 36 pobres.

Este núcleo de población es consideraba por la averiguación catastral como inútil para la Única Contribución. La población considerada inútil para cualquier carga fiscal y, prácticamente, no productiva es una consecuencia de la crisis del siglo XVII que había vivido Castilla y se situaba en un tercio de la población secular.

Para explicar esta situación puede ayudar el hecho de que en las ciudades, donde la supervivencia de pobres, viudas y huérfano eran aún mas difícil, una familia que no ingresaba más de 4 reales al día se veía en la necesidad de tener que mendigar la mujer o los hijos.

El censo de población por partidos de rentas y por poblaciones cabezas de partido diferenciando el número de vecinos nobles, pecheros y pobres nos permite acercarnos de un modo más concreto a los datos demográficos de las gentes que trabajaban y vivían en Cuenca a mediados del siglo XVIII.

Para atender a la población sin recursos existían instituciones de caridad dependientes de comunidades religiosas y cofradías creadas por artesanos para atender a sus miembros necesitados, como eran viudas, huérfanos o trabajadores del gremio enfermos o en circunstancias de pérdida de su trabajo. Estas instituciones mantenían hospitales y orfanatos. Muchos particulares creaban Memorias, Patronatos, Obras Pías y Cofradías con dotaciones económicas y legados de rentas o tierras para atender obras caritativas.

Estas instituciones eran creadas en muchas ocasiones por seglares. Los fundadores daban un dinero, bien en vida o a través del legado de una herencia como última voluntad, para sustento de la personas que integrarían la institución y para sufragar los gastos derivado de su funcionamiento y atención a los fines a los que la obra estaba destinada. A cambio de este mantenimiento material el fundador o beneficiando pedía algún tipo de culto en sufragio por su alma.

A continuación se recogen algunos datos del censo de población activa en la intendencia dedicada a actividades artesanales. Se han recogido los oficios en los que se ocupaban estos vecinos y las remuneraciones más comunes que se recibían.

Los salarios de los oficiales solían ser, normalmente, de 3 y 2 reales y el de los aprendices siempre eran de un real Los salarios de los maestros tienen un abanico más amplio y son mas elevados para los oficios relacionados con las actividades dedicadas a la producción de objetos que no eran de primera necesidad y que podemos considerar de lujo. Aunque en la intendencia de Cuenca por su situación de crisis no encontramos suficientemente reflejada esta situación, pues estos artesanos se censan en las grandes ciudades y Cuenca era, fundamentalmente, lo que podemos llamar una ciudad rural.

Los empleados en artes y ejercicios se censaron en 56.570 individuos, de los que 46.057 eran labradores, pastores y jornaleros, por lo que restan 10.513 vecinos ocupados en actividades artesanales, comerciales y profesionales. Los artesanos y ocupados en actividades comerciales y profesionales eran sólo el 18,58% de los censados en artes y ejercicios. La población ligada directamente al campo era el 81,42%.

Empezamos recogiendo los artesanos del metal y de la madera. Los plateros y latoneros eran 11 maestros y 8 oficiales. Los maestros tenían salarios entre los 8 y los 6 reales y los oficiales entre los 5 y los 4 reales. Los herreros, herradores, cerrajeros, caldereros, martineros y fabricantes de vidrio eran 511 maestros, 191 oficiales y 51 aprendices. Los maestros fabricantes de vidrio tenían un salario de 15 reales, el resto de los maestros tenían salarios entre 12 y 4,5 reales. Los maestros fabricantes de vidrio destacan por lo elevado de su salario. Los herreros y los herradores eran los que tenían salarios mas bajos entre los 6 y los 4,5 reales. Los oficiales tenían salarios entre los 3 y 2 reales Los carpinteros, carreteros, torneros silleros , cedaceros, cuchareros y aserradores eran 593 maestros con salarios entre los 6 y los 4,5 reales y los 224 oficiales con salarios entre los 3 y los 2 reales.

Los arquitectos, albañiles, canteros y pedreros eran 751 maestros, 77 oficiales y 19 aprendices. Los salarios de los maestros estaba entre los 12 reales y los 4,5 reales, el de los oficiales entre 3,5 y 3 reales y el salario de los aprendices era de un real.

Los tallistas, doradores, pintores y fabricantes de papel eran 51 maestros con salarios entre los 12 reales y los 5,5 reales. Los oficiales censados fueron 27 con salarios de 4 y 2,5 reales. Se registró la existencia de 4 aprendices con un real de salario.


A continuación recogemos el censo de algunos oficios dedicados a manufacturas relacionadas con las actividades textiles y confección de prendas de vestir. Los sastres censados fueron 178 maestros con salarios entre 12 reales y 5 reales, 803 oficiales con sueldos de 4 y 2 reales y 60 aprendices 60 con salario de 1 real. Los tejedores, torcedores, cordoneros y botoneros eran 1.430 maestros, 1.100 oficiales y 158 aprendices. Los maestros tenían salarios entre 8 y 4 reales, los oficiales de 3 y 2 reales y los aprendices de 1 real. Los tintoreros, tundidores, bataneros y aprensadores eran 134 maestros con salarios entre 7 y 4,5 reales, los oficiales 91 con salarios entre 3 y 2 reales y los 10 aprendices con salario de 1 real. Los zapateros de nuevo y de viejo , los zurradores, curtidores, boteros, alpargateros y esquiladores censados fueron 163 maestros, 924 oficiales y 75 aprendices.


Los maestros tenían salarios entre 12 y 6 reales, los oficiales entre 4,5 y 3 reales.


Otros artesanos relacionados con las manufacturas textiles y el trabajo con fibras vegetales eran los cabestreros, rastrilladores y jalmeros eran 59 maestros con salarios de 16 reales a 4,5 reales, los oficiales eran 90 con salarios de 3 y 2 reales y 12 aprendices. Los maestros de estos oficios también disfrutaban de salarios que podemos considerar elevados. Los guarnicioneros y yanteros eran 9 maestros y no se registró la existencia de aprendices y oficiales. El salario era de 8 reales para uno de estos maestros, cinco tenían salarios de 4,5 reales y 3 salario de 3,5 reales.


Los sombrereros eran solo 4 maestros con salarios de 8 y 4,5 reales y 5 oficiales con salarios de 3 y 2 reales. No se registra la existencia de aprendices. Estos artesanos son unos de los pocos que representan los oficios relacionados con la producción de objetos de lujo. En este grupo se incluyen los ya mencionados fabricantes de vidrio y plateros, así como a los chocolateros y a los confiteros.


Otros artesanos representados en el censo de la intendencia fueron los aspaderos, copeteros y polvoristas eran 12 maestros y no había oficiales ni aprendices. El salario era de 8 reales para uno de ellos, de 5 reales para cinco y de 4 reales para seis de ellos.


Los chocolateros, confiteros y cereros eran 47 maestros con salarios entre los 15 reales y los 12 reales, que como vemos suponen salarios muy elevados en comparación con los del resto de los maestros. Los oficiales eran 9 con salarios de 7 reales para 5 de ellos y de 3 reales para los otros 4 oficiales. Sus aprendices, que eran 4, tenían un salario de 3 reales, lo que supone un salario muy alto y casi único entre los aprendices.


Los alfareros eran 62 maestros con salarios de 6 reales y 4 reales y 10 oficiales con salario de 3 reales. Los yeseros y tejeros 56 maestros con salario entre 15 y 2 reales. No se censaron oficiales y aprendices.


En la Intendencia se registra la existencia de 20 cocheros y lacayos, de los cuales 7 tenían un salario de 4 reales, 9 de 3 reales y 4 con salario de 2 reales y 17 maravedís. Los criados y mozos de labranza los podemos estimar en unos 488.


Las variaciones en los salarios, sobre todo en el de los maestros, está en relación con la importancia de la población en la que trabajara. También hemos visto como hay oficios en los que no se censaron oficiales y aprendices lo que indica una falta de trabajo en estas actividades las que, además, están prácticamente destinadas a desaparecer en algunos núcleos de población.


En la intendencia los artesanos más numerosos eran los que desempeñaban oficios relacionados con las transformaciones textiles y la confección de prendas de vestir y adornos como tejedores, torcedores, guarnicioneros, aspaderos, rastrilladores, tundidores, bataneros, zurradores, cordoneros y botoneros lo que pone de manifiesto que, a pesar de la decadencia de la actividad relacionada con las manufacturas de la lana y los tejidos, Cuenca aún mantenía su tradición en estas manufacturas. Lo que se confirma por el hecho de que los segundos oficios más representados en el censo de artesanos eran los esquiladores, cardadores y peinadores de lana. Luego los artesanos más comunes eran, como en el resto de las poblaciones del mundo rural, los albañiles, los carpinteros, lo que implica la consideración de los recursos forestales de la provincia en los pinares de la serranía, y por último los herreros, que ya sabemos son los artesanos más comunes y abundantes en la sociedad rural, pero los que desempeñaban el oficio con los salarios más bajos. Las cantidades recogidas incluyen a maestros, oficiales y aprendices.


La riqueza estimada para la intendencia serían en la actualidad 121.704,95 euros. En pesetas habrían supuesto 20.250.000 pesetas.


La riqueza generada por la intendencia fue el 3,83% de la riqueza estimada para el reino de Castilla.


Las actividades agrícolas y ganaderas en su conjunto, el sector primario, suponen una participación en el total del sector primario de Castilla del 4,06%.

En la intendencia la suma total estimada para las rentas pasivas fue de 13.970.550 reales, de esta cantidad pertenecían al estamento secular 4.569.782, el 32,71%. Por lo tanto, el estamento eclesiástico era propietario del 67,29% de este tipo de ingresos y además los ingresos denominados libres patrimoniales, como bienes privativos de algunos elementos del clero, eran conseguidos en la intendencia solo a través de la vía de las rentas pasivas. Estas rentas supusieron el 17,22% de la riqueza catastrada en la intendencia.