viernes, 27 de noviembre de 2009

La Torre de Valencia. Madrid.






Levantada frente al parque de El Retiro. Se levanta en el pequeño solar donde hubo un parque de bomberos, y pese a su indudable calidad arquitectónica, ha sido arduamente criticada por romper en exceso con el resto de edificios cercanos y, sobre todo, por estar demasiado presente en la perspectiva que se tiene desde la Plaza de Cibeles hacia la Puerta de Alcala. Está situada en el cruce de la avenida de Menéndez Pelayo con la calle de O'Donnell, frente a una de las esquinas del Retiro. Con sus 94 metros de altura y 28 plantas es el decimoquinto edificio de mayor altura de la capital española. Fue proyectado con fines residenciales en 1968 por el arquitecto Javier Carvajal, y construido entre los años 1970 y 1973, siendo alcalde el futuro presidente del Gobierno con Franco, Carlos Arias Navarro.

La Torre de Valencia ha sufrido el infortunio de convertirse en el emblema de una arquitectura moderna, la de los años 60, que intentaba construirse de acuerdo con el lenguaje formal de su tiempo, pero que provocaba fuertes conflictos en su incorporación a la ciudad histórica.

El autor es el arquitecto Javier Carvajal, Barcelona, 1926, que no ha olvidado las circunstancias de tipo político que provocaron la crítica frontal a su edificio desde los medios de comunicación, en un momento en el que el enfrentamiento entre dos grupos dentro del gobierno de Franco casi concluye con la demolición de la obra antes de que se finalizase. «Una gestión personal ante el almirante Carrero Blanco puso fin al debate y el edificio se terminó tal como hoy lo vemos», afirma. Es la torre más alta hecha para viviendas en Madrid hasta aquel momento, con 27 plantas de pisos y apartamentos.
El edificio se construyó sobre un solar que había pertenecido al parque de bomberos, y que fue adquirido por inversores levantinos. El arquitecto recuerda que la torre se llama de Valencia por el origen de los promotores, que dieron al edificio el nombre de su ciudad. La gran altura de la construcción surge de la interpretación más rentable de una normativa poco restrictiva, ya que se permitió que el solar abriera una innecesaria calle lateral para que pudiera ser considerado como edificio singular.
Gracias a ello, el volumen de poca altura permitido sobre la superficie de toda la manzana podía distribuirse libremente, por lo que se decidió concentrarlo en una sola torre, de manera que todas las viviendas tuvieran vistas al oeste, la mayoría sobre el parque del Retiro. La promoción fue un éxito. Todos los pisos que dan al Retiro se vendieron rápidamente, gracias a sus vistas formidables, pero la perspectiva de la calle de Alcalá hacia el este quedó marcada por una presencia descomunal.
El edificio reúne cuatro torres independientes. Cada una cuenta con su propia caja de escaleras y ascensores, con una sola vivienda por planta, excepto la situada más al oeste que ofrece dos apartamentos por piso. Es una planta de piezas agrupadas, característica del organicismo de su autor, con el que intentaba responder a la arquitectura académica del momento. «Nos formamos académicamente, pero queríamos cambiarlo todo, buscábamos una imagen nueva de nuestro mundo; permanecer inmóviles equivale a no entender nada», asegura el autor.
Javier Carvajal, con sus ideas renovadoras, obtuvo el Premio de Arquitectura al mejor pabellón internacional en la Feria Mundial de Nueva York de 1964, y un año más tarde se convirtió en el primer catedrático de la Escuela de Madrid que ganaba su cátedra practicando un estilo moderno.
Poco después proyectaba la Torre de Valencia, y le daba a sus volúmenes externos una depurada contundencia geométrica que huía del esquematismo, buscando una articulación rica y clara entre las piezas. Si en las fachadas a O'Donnell y Menéndez Pelayo predomina el ritmo horizontal de las terrazas, la fachada posterior muestra un aspecto más radical, con la acentuación de la fuerza ascensional de los volúmenes y la presencia del cristal en el cerramiento de las cajas de escaleras. La casa apenas muestra ventanas abiertas en fachada: son los volúmenes los que dejan huecos que se cierran con vidrio. Cree que la visión estética de la arquitectura, transmitida por los enseñantes, «es un error, aunque es imprescindible considerar el entorno y entender como serán vistos los volúmenes».
El arquitecto lamenta las modificaciones introducidas en el edificio, que considera machacado especialmente en su aspecto exterior. Buena parte de las terrazas han sido acristaladas por los propietarios, y confiesa que viendo lo que ha pasado con éstas, «hace tiempo que me propuse no volver a diseñar un edificio con terrazas. La mayoría de las viviendas han sufrido reformas en la distribución interior, y ya no es fácil encontrar alguna con la limpia armonía del trazado original». Lo que más duele al autor es la modificación innecesaria de partes comunes del edificio.una de cada ocho viviendas está ocupada por otro arquitecto que, probablemente, aprecia profundamente la obra del autor de la Torre de Valencia.